El silencio del peregrino solitario es la mejor compañía para la ruta del aprendizaje, la observación, la reflexión y el desarrollo de la creatividad. En este rincón del nómada se irán depositando pensamientos, reflexiones, relatos, poemas, fotografías, dibujos, pinturas... y cualquier otra forma de expresión creativa de su autor que, con esta iniciativa, dejan de ser un acto íntimo y privado para convertirse en público y amistosamente compartido.
El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)
En mi rincón de arte, me crucifico al abrir la ventana para recibir la madrugada y en el alma resuena el soneto de una pasión del humilde aprendiz de pintor y poeta...
Mi copia facsímil de "La ventana abierta" de Juan Gris. Óleo sobre tabla, 2003
El maestro ruso Kandinsky, precursor de la abstracción en su búsqueda de crear emociones más allá de la comprensión de las formas, resumió su filosofía artística con dos frases que condensan la evolución de su pensamiento e impactante obra. No puedo resistirme a conservarlas en este rincón con una de las réplicas que he osado hacer de uno de sus cuadros previo a la abstracción absoluta.
«El color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que por ésta o aquélla tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana. Un cuadro debe estar compuesto como una sinfonía, y debe percibirse como una sinfonía de los sentidos y de los colores.»
Hay ocasiones en que la inspiración brota de las semillas que mueren. Ese germen procedente de las confidencias íntimas de un corazón querido que desnuda su alma en un cálido invierno, bombeando vida al llenar de legibles caracteres negros la página en blanco. Sensibles experiencias acumuladas en el voluminoso equipaje de recuerdos mostrados ante nuestros asombrados ojos, ávidos de mirar, ver y sentir. Abro una de esas maletas y contemplo con asombro y tristeza algunos bellos, palpitantes y reprimidos deseos ajenos que suenan a villancico ahogado y que hoy se conjugan en frustrado presente verbal, inolvidables, desde el que fue ilusionado pretérito...
Quiso aprender a tocar el cielo con las yemas de sus dedos. Quiso ver con los ojos cerrados. Necesitaba sentir la música tocada en su piel. Quiso aprender a escribir la partitura de una nueva canción. Aprender a soñar despierta. Esperaba aprender a volar sin alas. Perder el miedo a las alturas y elevar su cuerpo por encima de las fronteras. Aprender a acariciar con la mirada y a mirar con el corazón. Quiso escalar montañas imposibles y hacer realidad lo invisible. Necesitó sentir y que la sintieran, que la sintieran con intensidad. Descubrir islas perdidas y conquistarlas. Pasear playas de arenas blancas y dejar huellas de amor. Necesitaba encontrar el puerto seguro, donde las olas acariciasen sin temor. Y el mar en calma meciera las ilusiones. Y un hermoso faro iluminase la noche calmada. Necesitaba saber que la noche no es un peligro. Que hay un refugio donde se pueden acurrucar los sueños perdidos. Que la oscuridad nunca más produjese miedo... Y el silencio no fuera un grito ahogado, sino un suspiro de éxtasis. Que el dolor huyera para siempre y nunca más se supiese de él. Que las sombras desaparecieran y la luz les arrebatara el triunfo final. Que esa luz empujara e hiciera temblar y retroceder a las tinieblas.
Todo lo deseó, todo lo soñó, todo lo quiso, todo lo amó... Todo lo merecía.
Todo lo tuvo, todo y más pudo tener...
Pero no lo quiso, de todo huyó y, deseando mantenerlo, todo rechazó.
Y el miedo al temor más infundado, pero inculcado y enquistado, derrotó al amor, imponiendo el dolor. Una lamentable elección para la peor decisión.
Semilla de una hermosa flor que brotó en invierno y que, al anunciarse la primavera, murió... suicidada.
"La danza" de Francisco R: Mayoral. Copia facsímil al óleo, 2003
Siendo muy niño, vi por primera vez la, para mí, genial película "Fantasía" de Walt Disney. Fue desde entonces que comencé a sentirme cautivado por la música clásica que la pantalla me había envuelto en maravillosas y mágicas imágenes animadas. Vi aquella película más de catorce veces consecutivas, lo que pude permitirme por tener una hermana mayor trabajando como acomodadora del entonces cine Panorama, en la calle Cedaceros de Madrid, del que ignoro su estado actual, aunque me parece que ha desaparecido tras ser reconvertido antes en teatro.
"El aprendiz de brujo"
La fiesta de imágenes y sonidos me embriagó por completo. Me subyugó, provocando toda clase de intensas emociones a mi virginal sensibilidad infantil; desde las más tiernas a las más terroríficas, pasando por la divertida, aunque estresante, secuencia de Mickey como "Aprendiz de brujo".
Ahora, desde el recuerdo más entrañable, tendría grandes dificultades para escoger, de entre todas las piezas sinfónicas de la banda sonora, a una de ellas como favorita. He vuelto a ver la película muchas más veces, en vídeo y DVD, con mis hijas y a solas y escuchado todas en varios medios, una y otra vez, sin poder evitar que, de vez en cuando, me vengan a la memoria las imágenes de aquel largometraje iniciático.
Sin embargo, muchos años más tarde, hay un sólo caso en el que la espontánea simbiosis con los dibujos de Disney, se ha visto sustituida en mi mente por otra obra de arte vinculada a "La danza de los jóvenes" de "La Consagración de la Primavera" del compositor ruso Igor Stravinski.
Porque si de pequeño me impactó la música de la historia del desarrollo de la vida en nuestro planeta, descrita y narrada por los expresivos dibujos de "Fantasía"... ¡aquellos dinosaurios! fue, ya de adulto, que me impresionó mucho más, descubrir que el objetivo de Stravinski al componer su obra para ballet fue, según sus propias palabras, "expresar la vida primitiva"; en mi opinión, sacralizada en la danza primaveral de un olvidado rito pagano de fertilidad. Su estreno en el Teatre des Champs Elysées de París por los Ballets Rusos de Diaghilev continúa resonando en la Historia por el escándalo que se levantó en el patio de butacas entre abucheos y aplausos. Entonces, la mayoría de los espectadores se sintieron agredidos por la música y la danza allí expuesta... Otros, con mentalidad más abierta, supieron que se iniciaba una nueva era en el Arte Moderno y así fue.
Henri Matisse, 1909-1910
Y, más tarde, se produjo en mí una nueva asociación plástica, al contemplar, en uno de mis muchos libros de pintura, a los bailarines inmortalizados en la pintura "fauvista" de Henri Matisse "La Danza".
El cuadro original, pintado por Matisse entre 1909 y 1910, está expuesto en el Museo del Hermitage de San Petersburgo y muestra una fiera utilización de los colores y el delineado de las figuras de los danzantes que transmiten una intensa sensación de movimiento y ritmo.
Es, sin duda, una obra maestra del fauvismo que no pude resistirme a pintar en 2003.
Hojeando un catálogo de la obra de Amadeo Modigliani —uno de mis pintores favoritos— me vi sorprendido por el asombroso parecido de la dulce muchacha retratada en uno de los cuadros, titulado con su nombre, con una de mis sobrinas. Lo comenté con mi hermana, su madre, que se mostró muy ilusionada con la idea de que le hiciese una copia para colgar en su casa.
Modigliani, 1915
Tiempo después, recordé la deuda contraída y puse manos a la obra, tratando de acentuar el parecido de "Alice", la modelo original de Modigliani, con mi sobrina. El feliz resultado lo colgamos hoy aquí, con mucho cariño y como uno de los más gratos recuerdos de este nómada.
La trágica biografía de una vida miserable y la prematura muerte de Modigliani, consumido por la enfermedad y sus adicciones, no impidieron que nos legara cuadros geniales, con especial preponderancia de desnudos femeninos y retratos. Su obra denota la marcada influencia del arte étnico africano que se detecta de manera evidente en los simplificados y rotundos trazos de los rostros que tanto recuerdan la morfología de las inconfundibles máscaras y esculturas del arte negro.
Pareciese que mis silenciosas y paganas oraciones han alcanzado el corazón de los dioses que moran en el Olimpo de los Poetas y, algunos de mis divinos patrones han acudido en socorro de mi presente sequía, abandonado por las esquivas e infieles musas.
Ayer vino en mi auxilio, Walt Whitman y hoy me sorprende la fortuita e inesperada visita de otro grande, Mario Benedetti. Como su antecesor en mi humilde compañía, parece haber recibido las vibraciones de mis plegarias más íntimas y a ellas responde con sus espléndidos versos. Con ellos me quedo y te dejo.
NO TE RINDAS...
No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto, porque no hay heridas que no cure el tiempo, abrir las puertas quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos,
No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque ésta es la hora y el mejor momento, porque no estás sola, porque yo te quiero. Mario Benedetti
La más inmensa distancia está entre las miradas que ya no se encuentran en caricias. Y el mayor silencio cruje en los ojos que no se buscan ni se besan.
"Dama y arlequín". Mi copia facsímil de la obra de Picasso. Óleo, 2002
Es frecuente que algunas personas, en ciertas ocasiones, caigan en la tentación de culpar a una mayor convivencia como la circunstancia indeseable en que se producen grietas en el supuesto amor que la justificaría y hace deseable.
No puedo estar en mayor desacuerdo, aunque los hechos parezcan demostrar lo contrario. Pero, en mi opinión, es una falsa y tendenciosa demostración. No es la convivencia lo que perjudica la relación amorosa. La vida en común, sea por el medio que sea, es un mero cauce que posibilita la cercanía, el contacto y la máxima comunicación con la persona amada, así como brinda la oportunidad de compartir vivencias y satisfacer deseos recíprocos y coincidentes. Es el mejor vehículo para ese viaje.
No pienso que sea la convivencia lo que perjudica la relación amorosa. La relación causa/efecto es a la inversa; es la relación imperfecta del amor, interferido por los miedos del ego, lo que perjudica y dificulta la convivencia.
Cuando el amor es firme, sólido, convencido y completo, es la mejor vía de crecimiento y enriquecimiento mutuo, gracias a la comunicación constante por todos los medios disponibles, así como el baluarte inexpugnable desde el que los miedos siempre son derrotados y el vínculo resurge fortalecido.
Mi versión de "La terraza del café de la Place du Forum" de Van Gogh (1998)
Cuánto amor vagabundo
se encuentra en los vuelos nocturnos.
Porque en la noche suena una melodía
que al amanecer se apaga,
cuando se enciende el nuevo día.
Deja que en la oscuridad hable el silencio
de caricias y besos que, estando ciegos,
se superan en un tacto más intenso.
Deja que te arrope entre aromas de incienso,
con fragancias de lo imposible.
Deja que mis brazos te envuelvan
con osada pasión incontenible.
Vuela conmigo esta noche,
antes de que se encienda la luz
y se apague lo inaudible.
En fecha tan entrañable como el día de mi santo, el 4 de octubre, se cumple cada nuevo aniversario de la marcha de mi madre en su último y largo viaje, y ya son dieciséis en la fecha en que esto escribo.
Por circunstancias muy personales, me han visitado los recuerdos de algunos pasajes memorables, de los muchos que compartimos durante su vida a la que debo la mía. Uno de ellos lo representa este cuadro que pinté y regresó a mí, cuando ella se fue, descolgado de la pared de su comedor donde permaneció inamovible durante muchos años.
Se trata de una historia entrañable de femeninos celos maternos en quien, a pesar de haberme enseñado todo lo relativo a "lo que tira más que las carretas", no asimiló bien que robara tiempo a mi ocupada agenda de trabajo y estudios para pintar, a la moza que entonces era mi novia, un cuadro reproduciendo en dos dimensiones un arlequín de las famosas cerámicas de Lladró que hacía furor decorativo en aquellos tiempos de 1966 en los que yo apenas tenía 18 tiernos añitos.
No me hizo el menor comentario, pero su expresión al verme sumido en la tarea, era todo un discurso de "envidia" contenida. Consciente de ello, le pregunté si quería que le pintase algún cuadro para ella... Obviamente su esperada respuesta fue entusiasta y afirmativa. Lo que después me sorprendió y, por qué no decirlo, me abrumó bastante, fue su elección de una de las versiones de "La mesa de la cocina" de Paul Cézanne, de cuya obra se confesó enamorada. No pude por menos que pensar "¡Madre mía!", en la doble acepción que la ocasión justificaba.
Pero, un compromiso es un compromiso y con la madre de uno, era mucho más. Así que me dispuse a enfrentarme al reto que se me antojaba hercúleo y de dudoso alcance, dada mi escasez de tiempo libre y, sobre todo, a mi inexperiencia y bisoñez en lides de tal envergadura...
Y quiso la traviesa fortuna que, poco después, sufriese un accidente deportivo que me produjo una lesión por derrame del líquido sinovial en una rodilla, lo que me obligó a prolongada inmovilidad hogareña durante la convalecencia... Ya no tenía excusa ni escapatoria.
En consecuencia, armado de un cartón y un limitado surtido de tarros de témpera —apenas los colores básicos—, me puse manos a la obra y la imagen que hoy cuelgo en este rincón, es la de aquel cuadro que tanto emocionó a mi madre y que, anecdóticamente, firmé por primera vez como "Francisco", aunque ella nunca me llamó así.
Vida y muerte,
muerte y vida.
En el color de las flores
hay tristeza o alegría.
Vida y muerte,
muerte y vida.
Nada es más muerte
que la inerte flor de plástico
de pálidos colores olvidados,
sobre el mármol frío,
envuelto en pasos sordos
de silencioso sonido.
Vibran vivas flores llenas de vida,
regadas por besos mojados
de lujuriosos gemidos
con húmedos labios envolventes,
molde de turgentes pezones
con sonrojadas coronas.
Mi copia facsímil del cuadro "Modelo" de Matisse, óleo sobre tabla, 2002
Contemplé tu desnudez, a punto de tenderte en el fondo blanco de las sábanas. Sentí mis manos como manojos de pinceles dispuestos a extraer todos los colores de tu cuerpo. La paleta de sabores exhuberantemente rica de matices. Y tu piel, esa piel suave y satinada, superficie hecha de texturas infinitas, esperando ser pintadas por la caricia de mis dedos.
Y, en ese instante fugaz en el que te desperezabas sobre el albo lecho, mi alma de pintor se hizo aprendiz de poeta y te pensó sentida como un haiku...
"Tú abandonada
bajo las pinceladas
en blanco lienzo."
Me siento feliz de que, después de una larga singladura, mi blog de pintura ha cruzado el simbólico Rubicón de las 25.000 visitas.
Este humilde, pero importante para mí, acontecimiento, me ha hecho reflexionar sobre un fenómeno que me parece curioso.
En la vida de esta galería virtual, que en noviembre cumplirá sus
cuatro años de existencia -nació el 11/11/2011- sólo se han publicado 45
entradas en su página principal, aunque se han hecho actualizaciones de
las otras páginas que contiene.
Por ello, esas más de 25000 visitas, me parecen un logro modesto, pero
muy meritorio. Y destaco el reducido número de entradas publicadas,
porque ello da más importancia a la que más visitas ha recibido,
llegando a totalizar algo más del 10% del total.
Estoy
refiriéndome a la entrada con el óleo de mi copia facsímil del cuadro
"Ventana abierta", la conocida obra de Juan Gris que lidera la
estadística de visitas con 2.505, en el momento en que redacto estas
líneas.
El cuadro enmarcado (53x77 cm)
Aunque la cantidad casi nunca transmite la calidad,
parece lógico deducir que ese cuadro atrae más que otros, por uno u otro
motivo. Sin embargo, no ha recibido ni un sólo comentario, aunque ciertamente hay
muy pocos en todo el blog; tampoco se ha puesto de manifiesto el menor
interés de posible compra, a pesar de su bajo precio, teniendo en cuenta
su tamaño y que está enmarcado, como así se ofrece. Ni siquiera cuando se ha
visto beneficiado periódicamente por ofertas de significativos
descuentos en ciertas épocas de tradicional compra de regalos, como la Navidad y Reyes..
¿Las visitas que lo distinguen son sólo por curiosidad sin mayor alcance o son malos tiempos para la "lírica"... de los pinceles?
Qué pequeño se siente Teseo
ante las largas piernas,
columnas de jade, que guardan
la entrada al templo de Afrodita
entre los satinados capiteles
de los torneados muslos.
No temió enfrentarse al Minotauro
en el laberinto cretense
aferrado al hilo de Ariadna,
y ahora tiembla ante el hipóstilo acceso.
Pero no es de temor su agitación,
es el deseo lo que anuda su estómago.
Su mirada, nublada por el sudor,
recorre la distancia interminable
desde los basamentos hasta la cúspide
del delicado y bello edificio
que guarda y rinde culto a vida y amor,
proclamado por las cúpulas coronadas
de las curvas de dos senos perfectos.
Palpita su corazón a ritmo de galope
cuando imagina hundir sus dedos entre los cabellos
que brotan sobre los ojos, ventanas luminosas
abiertas, rimando con los húmedos labios
como fuente para la sed más insaciable
que reseca la boca del héroe extasiado.
Cierra los ojos Teseo y sueña...
y siente su sueño...
y, con ello, de su deseo se adueña.
Lo siento...
Doy
todo lo que soy.
Doy
todo lo que tengo.
Más, no puedo.
Si, para ti, es poco
o no te gusta ni es lo que buscas...
de corazón, lo siento.
Nada pido,
aunque todo y nada espero.
Lo único que exijo y ruego
es que no me maltrates con ofensas
ni exijas con amenazas y silencios,
cuando yo te respeto...
cuando yo te estoy queriendo.
No llames victimismo
al dolor más sincero.
Contra eso, grito...
¡no puedo!
Lo siento.