La diferencia y ventaja para las segundas es que su problema es pasajero --o puede serlo--, mientras que las realmente tóxicas acumulan años en la experiencia de serlo y difícilmente cambian, aunque se engañen con frecuencia recurrente en su papel de falsa humildad y pretendido aprendizaje permanente.
Además de las mentiras, las verdades a medias, la realidad ocultada y la falaz alteración de los acontecimientos, una de las más nocivas toxinas que conducen a la intoxicación de una persona sana, es la pretendida inoculación de la creencia de que la tóxica es la víctima, en vez de quien realmente lo es, ha sido y será.
FRM [12/10/2016]
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