El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)

sábado, 31 de marzo de 2018

Refugio

El refugio en el rincón.

Me tropiezo en un libro ameno con una buena definición para mi refugio en un rincón de este "Rincón del Nómada"...

«Cualquiera que aspire a conservar su sano juicio necesita de un lugar en el mundo donde pueda y desee perderse, Ese lugar, ese último refugio, es un pequeño anexo del alma al que, cuando el mundo naufraga en su absurda comedia, uno puede correr a encerrarse y extraviar la llave.» (*)

Un pequeño espacio que se agiganta por la ventana en la que los ocasos envían las tinieblas al infinito. Un lugar de paz, desde el que contemplo la procesión que va por dentro, cuando repaso los pasos. Ese sitio en el que me arrodillo para recoger el aliento que, a veces, se me cae al suelo. La sala de curas para las heridas de los pedazos que arranca la vida cuando muerde con ganas. Allí donde rescato los rescoldos de cálidos recuerdos enterrados bajo las melancólicas cenizas frías de la pasión olvidada. Y me permite el sosegado retorno del pasmo a la calma.

FRM [01/04/2018]

(*) Carlos Ruiz Zafón, "El laberinto de los espíritus".

Abandono divino

Boceto propio. Rotuladores sobre papel, 1978.

«Elohi, Elohi, lema' šebaqtani...»

Esas palabras en arameo que el Evangelio de Marcos pone en boca de los últimos momentos de la agonía crística, martillean en mi mente cuando, en estos días, no puedo dejar de pensar en el mundo que vivimos...

Y son perfectas para acompañar, en este Viernes Santo, a mi mano dolorosamente clavada al madero, pues es la mía izquierda la que tomé de modelo cuando boceté este otro punto de vista de la crucifixión que hoy siento que protagonizamos todo el género humano ajeno al Poder y víctima de sus desalmadas y auténticas deidades.

No basta "ser un amor" para librarse del tormento y el dolor de ser rechazado y agredido por quien ayer te aplaudió y celebró.

Lástima que mi naturaleza, sólo humana, no me deja fe ni esperanza alguna de resurrección de los derechos humanos olvidados entre el humo de balas y cirios, entre saetas de acero y piedras y otras cantadas...

FRM [30/03/2018]

Escuchando crecer la barba

Mirada metafórica. "Pensando mucho y en paz hasta el sombrero cría canas".

Con todo mi respeto hacia cualquier creencia —menos las que imponen o amparan la violencia— y las tradiciones que generan, aunque no todos las veneran, hay algunas cosas que no he conseguido comprender ni siquiera durante toda una vida de curiosidad insaciable y búsqueda incansable.

Era yo muy pequeño cuando comencé a no entender la justificación de la cruel tortura representada en la imagen del Cristo crucificado que colgaba sobre el cabecero de la cama de mis padres.

¿Por qué demencial sinrazón se suponía que tan salvaje y cruento sacrificio estaba justificado para el perdón de un pecado original de la Humanidad, tan mal explicado como remoto y ajeno a los millones de seres que nunca pisaron el Paraíso Terrenal?

¿Por qué las enseñanzas religiosas que recibía decían condenar la idolatría, mientras nos inundaban en templos y hogares imágenes de Dios, Jesús, la Virgen y toda la pléyade de santos canonizados?

¿Cómo se relacionaban las atractivas imágenes de Adán, Eva, Caín y Abel de mi libro de Historia Sagrada, con las que aparecían impresas en otros textos de la Prehistoria, mostrando prehomínidos peludos en desaliñadas manadas migratorias?

Y, si los primeros padres sólo tuvieron a sus dos hijos mencionados en el Génesis, ¿cómo sobrevivió y se reprodujo el género humano?

Etc.

En aquellas lejanas fechas, nunca conseguí respuestas satisfactorias, sólo logré convertirme en un niño rarito, solitario y muy incómodo en la Catequesis eclesiástica que cada domingo pretendía complementar doctrinalmente las clases del cole.

Con frecuencia, mis preguntas terminaban con un tajante colofón: "¡Tienes que tener fe y creer aunque no lo entiendas!". Así crecí... Tristemente convencido de que Dios me había privado del imprescindible don de la fe que disfrutaban mis semejantes.

Más tarde y a lo largo de mi vida, no he dejado de buscar nuevas respuestas a las viejas preguntas ni de formularme nuevas preguntas sobre las viejas respuestas. Pero nada de lo que he ido encontrando, aprendiendo y entendiendo, ha dado satisfacción a lo que ya no es una pregunta, sino una inquietud cuya incomprensión sigue siendo un sentimiento constante y, a veces, muy entristecedor que no cesa de sorprenderme. Y abro un paréntesis para quienes consideran sinónimos los términos entender y comprender, para remitirles a la reflexión también aquí publicada, bajo el título "Para entendernos".

Me refiero a la que, a veces, he definido como "cultura del sufrimiento", en la que muchísimas personas se mantienen instaladas, de forma más o menos sincera o bajo las apariencias más hipócritas. Se trata de ese dogal que constriñe y ahoga libertades bajo la forma de "complejo de culpa" injertado en la maleducada conciencia colectiva. Ese arraigado temor que anida en el inconsciente humano para no atreverse a hacer lo "política, social o religiosamente incorrecto", aunque con ello y las represoras renuncias que implica, sufran, e incluso, hagan sufrir la mayor de las infelicidades.

Puedo entenderlo, como ejercicio intelectual; pero nunca comprenderé que alguien prefiera el refugio de su protectora "zona de confort", sacrificando hasta los mejores, inesperados e infrecuentes regalos que la vida nos hace, en afortunadas ocasiones que llaman al despertar. Digno de compasión, a falta de comprensión.

Definitivamente, he entendido y comprendido que los miedos y enroques inamovibles son el peor enemigo de la libre felicidad de los seres humanos y el arma más poderosa para controlarlos y manipularlos por el Poder que dicta y sanciona las leyes. Esa única y verdadera deidad en tres personas... La nada santísima trinidad: Política, Economía y Religión.

Y me temo que, a estas alturas, sólo me queda aceptarlo mientras escucho, en compasivo silencio, como crece mi barba en paz.

FRM [01/04/2018]

Habituación

Frente al papel en blanco, la mirada metafórica se enfoca en el interior.

El amor, la generosidad y el respeto son como los antibióticos. Cuanto más se usan, menos efecto producen en quienes los reciben.

FRM [31/03/2018]

Engaños

Óleo obra de Gabriel Sainz

Cuando sucede, es muy duro e ingrato descubrir que se ha confiado en mentiras... en palabras huecas y alardes sin contenido.

Pero es peor, más triste y cruel ser engañado por el decorado de aparentes verdades incoherentes e inestables... Descubrir demasiado tarde que, tras la atractiva fachada narcisista, todo es vacío y no hay nada.

«¡Cuantas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo!». (William Shakespeare, "Hamlet").

FRM [28/03/2018]

viernes, 30 de marzo de 2018

Sabrosa gastronomía literaria

Tito López Álvarez y este nómada lector con los libros reseñados.

No es la primera vez que recurro al símil de la gastronomía como metáfora, para tratar de comentar lo que algunos libros hacen disfrutar a mi paladar de lector insaciable. Al fin y al cabo, alimentos para la mente y el espíritu son, aunque algunos produzcan pesadas digestiones fruto del empacho que ocasionan, y otros puedan ser hasta tóxicos, dependiendo de sus contenidos. No es el caso de los hallazgos que comentamos aquí hoy.

Ni lo uno o lo otro son los tres sabrosos libros que han compuesto el menú que he tenido ocasión de paladear, gracias a la habilidad culinaria de la pluma de su autor, mi amigo y antiguo colega de oficio Leoncio López Álvarez (Tito, en la intimidad).

Inicialmente, había pensado dedicar un comentario a cada uno de ellos, pero eso me habría obligado a los incómodos equilibrios de hablar de sus contenidos sin desvelar sus sorprendentes tramas y la pereza de ese esfuerzo, multiplicada por tres, unida a la detección de lo que tienen en común —a pesar de sus enormes diferencias—, me han conducido a lo que ahora intento resumir, saltándome las supuestas reglas de la crítica literaria que no ejerzo, para salir por la tangente de la crónica del lector curioso para la que siento más capacitado.

Como ya he mencionado, tres platos componen este buen menú literario, cuya paradójica mejor virtud es que sacian pero dejan con hambre de seguir degustando otros de los que contiene la carta del chef.

El mencionado menú que recomiendo sin la menor duda, consta de un primer plato, ligero y divertido; un segundo, más consistente; y el remate de un delicado y artístico postre de exquisita presentación. Y, precisamente, ha sido en ese orden como los he leído sin premeditarlo...

Primero: "El viaje del Neandertal".
Segundo: "La tabla de Prim".
Postre: "La dama del lienzo".

¿Qué tienen en común?

En primer lugar, ninguno puede negar la paternidad, tal y como sucede con algunos bebés de delatores parecidos paternales. En todos los casos, se aprecia el estilo del autor, reconocible de inmediato para los que llevamos tiempo leyendo los artículos, narraciones y cuentos que publica en su blog "La tertulia perezosa". En mayor o menor grado, dependiendo de la trama y el momento de cada novela, se percibe el fino sentido del humor, impregnado de un cierto sarcasmo e inteligente ironía que caracterizan a este lúcido publicitario devenido en escritor de novelas y cuentos.

Otro detalle que me ha sorprendido gratamente es la amplia formación e información de la que Tito López Álvarez hace gala amplia y generosamente. Porque, por lúdico que sea el tema que desarrolla en cada obra, no hace la menor concesión a la falta del rigor documental con el que construye el andamiaje de sus ficciones literarias. Y eso demuestra dos cosas muy valorables que este lector agradece; su serio trabajo de búsqueda previa a la redacción y el hecho de que sabe bien lo que tiene que buscar, cuando está en la fase de concebir los estimulantes enredos de sus tramas novelescas.

Por ello, "El viaje del Neandertal" es una divertida ensalada que combina con precisión elementos de física cuántica, con conocimientos históricos y antropológicos y una satírica visión de la psicología humana —desde la más cotidiana a la patológicamente criminal—, con dominio de la geografía territorial y urbana de los lugares en los que transcurre la acción, aderezado todo ello con unas dosis de bienhumorada mirada crítica a los mecanismos de funcionamiento de los servicios de inteligencia que no siempre sirven ni son inteligentes.

Pero no se queda en eso... Tito también también nos sorprende en "La tabla de Prim", novela histórica en la que hace gala de sólidos conocimientos sobre la masonería internacional, sus logias y ritos en el convulso contexto sociopolítico de la España del siglo XIX y las luchas clandestinas por el poder, así como de ciertos códigos esotéricos con frecuencia encriptados con secretos complejos en antiguas obras de arte. Todos sabemos que, como bromea el autor de la novela, "al final muere Prim". Pero ello no merma un ápice el interés y sólida credibilidad de la trama y los hechos hábilmente narrados.

Y, llegando al postre, "La dama del lienzo" sólo tiene un defecto para mi gusto, se acaba demasiado pronto, dejando un cierto sabor a frustración insatisfecha. A cambio, nos deleita con un recorrido fascinante por algunas de las más importantes pinturas de la Historia del Arte, reinterpretadas con buena mano para el libro por el pintor, ilustrador y diseñador gráfico Marcos Carrasco. Una novela de intrigante misterio, con recursos literarios que me han recordado a Javier Cercas y que bucea en los laberintos de la mente humana con sorpresas inesperadas. El conjunto es una delicia para paladares refinados y amantes del arte y la intriga.

Otras obras de Leoncio López Álvarez:

"El ladrón de nubes". Novela ganadora del IX Premio Onuba.

"El astrofísico que era poeta y otras cosas peores". Historias reales que jamás ocurrieron.

"Muerto 2 veces". Su última novela que pronto leeré... O eso espero.

FRM [29/03/2018]

jueves, 29 de marzo de 2018

Besos de pasión

"El Beso de Judas" A.M. Redención de Sevilla

Los besos no siempre implican traición. Pero, con un beso comienza toda dolorosa pasión, cumpliendo la evangélica tradición. La condena es la mofa con espinas, flagelo y crucifixión. Sin méritos ni delito, sólo por egoísmo de autoprotección. Y, para los faltos de fe, queda ausente y muerta de inanición, la esperanza de una bíblica resurrección.

Qué fría y cruel puede ser la fanática y cobarde convicción que niega el alimento, traicionando la promesa de ilusión, confirmada en momentos de comunión. Así, bajo la influencia de este penitencial Jueves Santo, reflexiono que ante besos como el de Judas, siempre serán más santos los de una puta redimida que los de la virginal mujer pura que crucifica y tortura.

No deja de ser curioso y motivo de reflexión que la mayor historia de amor, pivote sobre una besada traición y la que después cometió el discípulo elegido con su triple negación. Lo pienso y entonces comprendo que algunos comportamientos se deben al riguroso cumplimiento, paso a paso, de las Sagradas Escrituras.

FRM [29/03/2018]

La insoportable desnudez del ser

Aceptemos que es inevitable la llegada de un descarnado momento en que el fresco follaje, envolvente y encubridor, pierde su bello y frondoso protagonismo; se reseca, muere y desaparece. Entonces, sólo queda a la vista la cruda y vacía desnudez que exhibe impúdicamente su retorcida y decadente realidad.

FRM [28/03/2017]

Foto propia, paseando entre metáforas.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Impotabilidad

Foto propia, paseando entre metáforas.

El nómada peregrino que transita por las veredas de la existencia abrasado por una insaciable sed de amor, es el ser más vulnerable y expuesto a la oculta toxicidad de las aguas no potables. En su susurrante e hipnótico borboteo, se ofrecen atrayentes y con seductora inocencia, como una limpia, fresca y reconfortante tentación, a la que es casi imposible resistirse con grave y letal riesgo.

FRM [28/03/2018]

Dragón celeste

Mirada metafórica desde mi ventana.

Foto propia, bajo mi ventana.
Cuenta la leyenda que en los cielos habita un dragón colosal como un cocodrilo gigante que, en cada ocaso, intenta devorar el Sol. Pero, como el astro se oculta tras el horizonte, el monstruo se tiene que conformar con comer nubes, cuya sangre cae al suelo, derramándose sobre los campos para fertilizar amapolas.

FRM [28/03/2018]

lunes, 26 de marzo de 2018

Raíces

Mirada metafórica. Quinta de Los Molinos, Madrid

Siento, luego existo. Existo, luego pienso. Pienso y luego lo cuento...

Y cuento que siento y pienso que nada puede evitar que mis raíces envejezcan y afloren, pero tampoco que se hagan más firmes, fuertes y resistentes.


Eres mimosa
te nutren mis raíces
vida a tu flor.

FRM [26/03/2018]

sábado, 24 de marzo de 2018

Convivencia enriquecedora

Almendros en flor. Quinta de Los Molinos, Madrid

Existen maravillosos parques ajardinados que ofrecen belleza a la vista y sosiego al espíritu del paseante que los disfruta y contempla. Inspiradores lugares que contienen lecciones permanentes del orden milagroso que rige los ciclos y designios de la naturaleza viva, perpetuando las divinas pretensiones del legendario Paraíso Terrenal. Cuidados enclaves en los que la tierra fértil permite la equilibrada convivencia de toda una generosa diversidad de especies vegetales que comparten suelo y cielo en amoroso equilibrio y sin interferencias innecesarias.

Flor de almendro
En esos espacios vitales coexisten, sin conflicto alguno, los árboles de hoja perenne con aquellos en los que su verdor caduca y renace periódicamente. Arbustos que mantienen su belleza en todas las estaciones del año y las esporádicas apariciones florales que se exhiben lujuriosas y llenas de color en los momentos en que la temperatura y climatología lo fomenta y permite... Siempre leales al amor de sus propios ritmos y sin colisionar con el resto de moradores del paraíso, felizmente ajenos a las incompatibilidades prescritas por las normas de los humanos prejuicios.

Tal es la blanca floración anual del almendro, una maravillosa metáfora de la belleza latente y oculta en las venas del árbol hasta que se manifiesta, breve y espectacularmente, en la época primaveral para gozar intensamente de la explosión de vida que pone de manifiesto.

Muerte en Quinta de Los Molinos
Paseando entre almendros en flor, me pregunto si cualquier otra planta ganaría algo abortando la esporádica floración del almendro con la delirante pretensión de anular la ley natural que fluye, espontánea e inevitablemente, con su savia.

Y, si antinatural sería el crimen de impedir la floración, no menos demente sería la pretensión de que las flores sean de otra forma y color o la imposición de que broten en diferente momento del año.

FRM [23/03/2018]

jueves, 15 de marzo de 2018

El día que fui de doble entierro

Mirada metafórica, paseando entre reflexiones

Nunca había pensado que llegaría un día en el que me encontraría en el funeral y posterior entierro simultáneo de dos fieles amigas que me habían acompañado casi toda mi vida.

Hoy lloro desconsolado su pérdida irreparable e insustituible. Se me han muerto mis queridas Esperanza y Confianza. Dos hermanas, amadas compañeras que, en los últimos años de mi vida, no habían dejado de animar mi soledad, llenándola de luz, calor y color. Falleció Confianza, y Esperanza no pudo resistir su ausencia, siguiéndola en su viaje a la extinción.

Es cierto que anteriormente ambas habían sufrido dolencias y achaques e, incluso, alguna herida accidental de diversa gravedad, pero siempre habían conservado la suficiente salud como para recuperarse y continuar a mi lado aportándome la fuerza, ilusión, energía y apoyo que todos necesitamos en muchos momentos... o siempre, al menos yo.

Hoy me faltan y duele su ausencia. Han quedado sepultadas cuando más las necesitaba. Yacen en mis más profundos recuerdos y una fría lápida las cubre en la oscura fosa en la que han desaparecido. No me consuelan los bellos epitafios que adornan la losa. Son sólo palabras sin contenido que, aunque las dicte la sinceridad, se enfrían como el mármol en el que están grabadas... Y enfrían aún más mi alma, congelando las lágrimas que hieren la mirada como afiladas y gélidas cuchillas.

Ya no existe ni está conmigo la Esperanza en que la ley sea legítima y justa, además de supuestamente legal. Me equivoqué con una seguridad injustificada. Tampoco me queda ni rastro de Confianza en el género humano que ha olvidado y rechaza el amor por el prójimo distante y, lo que es peor, por el cercano. No queda un ápice de credibilidad en las dulces palabras que alimentaban mi Confianza y hacían crecer mi Esperanza.

Ya tampoco existen siquiera aquellas palabras... Hablaban de amor, de deseo, de futuro lleno de risas y alegría, de felicidad compartida, creando hermosa Confianza. Finalmente han sido siembra de dolor, engañando y dañando a una frágil Esperanza, con inestable mantenimiento de la salud, por las esfumadas y agostadas cosechas inviables, perdidas bajo la fría y dura costra de hielo de las nieves congeladas.

Ahora, caducada, se deteriora en la despensa la nutritiva reciprocidad que las hermanas muertas ya no necesitan ni saborean y, por ello, no requiere reposición. Otras prioridades requieren más atención y dedicación. Y lo peor es que lo entiendo, porque, en buena medida, me siento responsable... y ello me priva del magro, miserable y falaz consuelo de la queja victimista o el reproche.

Solo resta asumir el dolor de la irreparable pérdida y evitar que el sufrimiento se perpetúe, aprendiendo la lección recibida en la experiencia.

Descansen en paz mis amadas e insustituibles compañeras del alma, hasta que la mía se reúna de nuevo con ellas.

FRM [15/03/2018]

Ser o no ser

(Mirada metafórica, en el lago del Palacio de Cristal madrileño)

Por mucho que se intente forzar su educación; se le entrene a trepar; se le pongan deberes e, incluso, se le impongan castigos... un pato siempre será un mono mediocre. Pero podría llegar a ser un gran nadador.

FRM [15/03/2017]

jueves, 1 de marzo de 2018

Mi primer óleo

El cuadro citado en el texto. Óleo sobre lienzo, 1959

Gracias al romanticismo de mi madre, que siempre lo tuvo colgado en su casa con el orgullo de toda progenitora, conservo el primer lienzo que pinté al óleo, delator de la entrañable torpeza de mis escasos casi 13 años de edad. Un gran estímulo de tiernos recuerdos infantiles.

Visto con la esperable indulgencia, no me disgusta. Aunque casi prefiero el boceto previo que realicé con gouache, en cuyo manejo estaba un poco más ducho en aquellas lejanas fechas.

Se trata de la madrileña Calle del Conde, situada bajo el viaducto y adyacente a la calle Segovia.

FRM [24/02/2018]