El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)
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viernes, 16 de enero de 2015

Nos vemos en el Savoy

El maestro José Luis Alvite nos dejó ayer 15 de enero (Foto de M. Núñez)

Los dioses siempre se han dado en menor número que los hombres. Por eso se nota tanto cuándo alguno de ellos se jubila eternamente y ayer lo hizo el maestro José Luis Alvite.

Acabo de salir de la niebla de nicotina del Savoy, donde Ernie y los enquistados habituales nos resistíamos a despedir a nuestro viejo cronista, el joven Al, porque la muerte es ese tren que sabes que llegará, pero casi siempre resulta inesperado por su adelanto y te pilla con el equipaje a medio hacer, con una muda de menos y los calcetines desparejados.

Anoche la lluvia parecía repicar en los cristales, hasta que comprendí que el goteo incesante y pertinaz, como reclamación bancaria de pago, era realmente el canto dolorido de las lágrimas transportadas por las ondas hertzianas, huérfanas de la voz profunda, pausada, única y barnizada de tabaco, del imprescindible José Luis Alvite. Y todos simulamos que el humo nos entraba en los ojos, cuando las nuestras se fundieron con el agua del hielo de esa última copa, velando, nunca mejor dicho, la mirada triste que pretendía ocultarse, buscando refugio inútil, en la sonrisa abierta de los escotes presentes; con fingido interés, en esta ocasión, por el generoso canal que desemboca en los más ocultos placeres femeninos.

Como pactado previamente, hemos encendido más cigarrillos, otra ronda a su salud eterna, queriendo ver, en las sólidas volutas de su humareda, la evanescente escultura de la silueta del gran amigo. Persiguiendo la ilusión imposible de prolongar su presencia corpórea en el imborrable recuerdo de quien nunca dejará de estar presente en los más oscuros rincones del Savoy, donde las figuras se vuelven tenues como bocetos a lápiz, tomando buena nota de todo para luego narrarlo a su manera. Como siempre hicieron Frank y él... "a su manera". Exclusiva y única manera.

Contaba Al, textualmente, que se fuma mucho en el Savoy. Se fuma tanto en el club de Ernie Loquasto, muchacho, que incluso, es gris el jabón de tocador. En el estrambote del humo se alargan los modales de los matones y las muecas de las faldas de las bailarinas. Una noche que se cayó por el Savoy, me dijo Sinatra: "Dicen que fumo demasiado. No sabría qué decirte al respecto. Sólo sé que el humo de un cigarro es el defecto que mejor le sienta a mis ojos azules". Eso me dijo Frankie, un tipo que se cepillaba los dientes con un cigarrillo en la boca.

Eso y así contaba, el bueno de Al, mientras el mismo cultivaba tenazmente el mismo defecto compartido con Frank, además de su propia y diferente genialidad única.

Ayer la noche fue mojada y oscura y no pude dejar de recordar lo que Ernie le dijo una madrugada a Al en el Savoy: "Muchacho, a menudo la oscuridad te ayuda a ver las cosas claras"... Aunque tengas la mirada empañada por las lágrimas, añado yo hoy.

Nos has dejado demasiado pronto Al, muchacho. A tus jóvenes 65 años tenías muchas crónicas del Savoy pendientes de vivir, escribir y contarnos. Algunos... muchos, creo, no te olvidaremos nunca y seguiremos acompañándote en la barra del Savoy, colgados de un vaso y un cigarrillo, mientras nos arropa el recuerdo del humo de tu voz.

Hasta siempre, gran amigo, enorme periodista, genial escritor, inigualable creador de irónicas metáforas y ejemplar ser humano. Gracias por tu amistad y por el legado inigualable de tu obra, José Luis Alvite.

FRM [16/01/2015]