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| Foto propia. Puerto de San Vicente de la Barquera |
Somos como barcos surcando los mares de la vida. Resistiendo los envites de duros oleajes, padeciendo lo inane de la calma chicha o navegando en bonanza con buen viento a favor.
Atrás van quedando singladuras, repletas de alegrías y sinsabores. Relaciones y evoluciones. Sorpresas y decepciones. Aciertos y errores... Con frecuencia, creemos que flotamos sobre las mismas aguas, pero es un espejismo, porque ellas siempre cambian aunque parezcan iguales, como nosotros mismos.
En el pasado recalamos en diversos puertos, donde siempre aprendimos algo nuevo de su cultura y sus gentes. Eso forma parte del bagaje de riqueza acumulado entre el sabor a salitre que impregna los labios.
Hasta que, finalmente, arribamos a puerto acogedor y seguro. Esa Ítaca que siempre ha sido el objetivo. Y allí echamos el ancla, descansamos y disfrutamos de cuanto hemos almacenado en la bodega, cúmulo de vivencias, aprendiendo a seleccionar gracias a lo aprendido durante la larga travesía. Sintiendo, reconociendo íntima y felizmente que, al fin, estamos en casa...
Ahora, cuando ya es mañana en eterno presente, no puedo encontrar mejor metáfora visual que la fotografía que inserto, con el deseo de que siempre podamos disfrutar de un punto de amarre, para reposar y repostar, cuando la dura navegación exija el descanso, después de haber atravesado tormentas y librado el azote de muchas tempestades que pronto serán sólo un recuerdo más.
"¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!
Terminó nuestro espantoso viaje.
El navío ha salvado todos los escollos,
hemos ganado el premio codiciado.
Ya llegamos a puerto."
(Walt Whitman)
FRM [20/04/2016]
