El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)
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jueves, 1 de enero de 2015

Mis queridas hermanas (2 y ¿fin?)

(Foto de archivo)

Por íntimos motivos personales y privados, que sólo a mi ánima conciernen, y profundamente cuitado, siendo por desventura asaz dificultoso el poder ser explicados, hago saber que, de momento y por tiempo indefinido, no me es posible continuar con la serie de relatos breves prevista sobre mis andanzas apócrifas en el convento que alberga y protege a "Mis queridas hermanas".

Sólo puedo dejar fe y constancia de que ha hecho aparición en escena la Madre Superiora Sor Presa, quien con muy grande turbación, me ha rogado con monacal insistencia que no perturbe, al menos de momento, la necesaria paz y discreta reserva de la conventual clausura.

Siendo para este nómada peregrino menos importantes sus explicadas y razonadas razones que el respeto a los emocionales deseos de la mencionada abadesa, doy media vuelta sobre mis pasos y me alejo del convento, quedando pues coyunturalmente también clausurada esta aventura que no perseguía otro destino que el inocente divertimento y deleite, propios y ajenos, además de rendir homenaje, cumplida y expresamente, a nobles personajes que recorrieran en el pasado caminos similares, pero nunca iguales.

Ojalá que en el futuro me sea dada licencia y la apropiada libranza de los compromisos de mi palabra empeñada y pueda retomar lo iniciado, renovando el ilusionado y lúdico entusiasmo con el que comenzó el prolijo relato de las glorias y andaduras de aquesta curiosa historia.

FRM [01/01/2015]

lunes, 8 de diciembre de 2014

Mis queridas hermanas (1)

La del alba sería cuando este nómada salió de su refugio en caminada incierta y desnortada, mirando a todas partes por ver con deleite cuanto las nuevas luces descubrían. En eso estaba, cuando vi, no lejos del camino por donde iba, un muy grande caserío que, en la distancia, una torre mostraba y entre sobrio castillo e iglesia se me antojaba.

En llegando estaba al pie de sus recios y vetustos muros, con lo que pude observar y percatarme que de un convento se trataba y que la torre avistada no era sino la obligada espadaña. Acerquéme a pedir cobijo, avisando por el torno junto a la entrada, sin otra intención que la demanda de descanso y alivio de la sed y apetito que la caminata habíanme producido, a riesgo de romper la sagrada clausura de las santas mujeres que allí recluían sus hábitos y benditas oraciones.

Al poco, fui discreta y amablemente atendido por la susurrante voz de la hermana que al presentarme se identificó como Sor Dina y con la que, en cómplice y para ella añorada cháchara, llegué a un feliz acuerdo que, por ser otra historia, para otra ocasión reservo, puesto que, si de tiempo y salud dispongo, de toda la congregación daré cumplida señal.

FRM [08/12/2014]

(Foto propia. Monasterio de Santa María la Real, Aguilar de Campoo)