Hace poco que he terminado de leer
"Sala de espera", el libro póstumo de mi admirado
José Luis Sampedro. Cuando lo compré, sólo tenía una ligera idea de su temática y contenido que recordaba vagamente como autobiográfico. Sin embargo, esa obra pequeña por su extensión y grandiosa por su contenido, es mucho más. A medio camino entre la biografía, la reflexión y el ensayo, es principalmente una gran declaración de amor y gratitud, hacia la vida misma y hacia su viuda
Olga Lucas.
En
"Sala de espera" hay tres partes bien definidas y diferenciadas. En la primera
"Los Ríos", recurre a la metáfora manriqueña para asimilar su recorrido vital y el de su esposa a dos ríos que recorriendo cauces muy diferentes, acaban confluyendo y fundiendo sus aguas. En la segunda, que da título al libro, emerge el más puro humanista que enarbola su honda preocupación y estupor por las tragedias y degradación moral de nuestros días. La tercera es una curiosidad para sus más fervientes seguidores, entre los que me encuentro; se trata de una serie de apéndices que incluyen cartas, notas manuscritas y fotografías personales.
En definitiva, estamos ante la evidencia palpable y legible de lo que él mismo expresó con su sencillez y brillantez habituales:
“La muerte me lleva de la mano, pero se está portando bien porque me está dejando pensar”.
Y, para que no quede duda alguna de ello, ahí está
"Sala de espera" que constituye una prueba más, la última, de su compromiso como modelo de hombre íntegro.
Por supuesto, recomiendo su lectura y relectura. Es una pequeña joya que me ha evocado el obituario que escribí al conocer la pérdida irreparable de su fallecimiento, el 9 de abril de 2013.
Para cuantos visitantes de este rincón que no tuvieron ocasión de leerlas entonces, traigo hoy aquí aquellas palabras que me dictó el corazón, en su homenaje y memoria entrañable.
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| José Luis Sampedro |
Querido, respetado, y, sobre todo, admirado
Sr. Sampedro, ahora eterno vivo desencarnado que dibujas en mi rostro una
sonrisa etrusca, mientras recuerdo aquel tiempo en que me convertiste en
amante lesbiano de una
vieja sirena.
Hoy navegas para siempre, dejándonos la cálida
sombra de un drago en cuya senda grabaste el testimonio inequívoco de que ciencias, letras y humanidades sólo alcanzan la perfección cuando se hermanan lúcida e inseparablemente.
Casi centenario, mientras la tierra gira y fluyendo con
el río que nos lleva, has llegado a tu
real sitio, sin esperar a
octubre, octubre... (*)
Hoy, querido
José Luis, despido tu cuerpo para conservar tu alma encuadernada y lo hago con tu
Credo personal convertido en oración que comparto y compartiré como himno vital, hasta que llegue mi hora y te pida que me cuentes tus bellas historias entre las nubes.
Hasta siempre. Un agradecido abrazo.
"Creo en la Vida Madre todopoderosa
Creadora de los cielos y de la Tierra.
Creo en el Hombre, su avanzado Hijo
concebido en ardiente evolución,
progresando a pesar de los Pilatos
e inventores de dogmas represores
para oprimir la Vida y sepultarla.
Pero la Vida siempre resucita
y el Hombre sigue en marcha
hacia el mañana.
Creo en los horizontes del espíritu
que es la energía cósmica del mundo.
Creo en la Humanidad siempre ascendente.
Creo en la vida perdurable.
Amén. J.L.S."
(*) Para cuantos no conozcan la bibliografía de José Luis Sampedro, considero obligado mencionar que el texto del obituario está compuesto con títulos de sus obras.
FRM [29/12/2014]