El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)

domingo, 15 de abril de 2018

Montaña rusa

Lentas subidas, prolongadas sin pausa. Somos impulsados por la inevitable fuerza que se opone a la ley de la gravedad. Arrastrados por la potencia del motor de la innegable verdad. Emocionante ascensión hasta el clímax del punto de inflexión. Se supera la cumbre de la curva y comienza el vertiginoso descenso. Se pierden las referencias. Cielo y suelo se mezclan y confunden.

Estómago contraído, visión nublada y húmeda, pensamientos azotados por el viento, sabor agridulce del miedo asumido que alimenta el alarido. Pánico al vacío. Y placer masoquista que conduce al reposo excitado del siguiente ascenso. Se confirma la estabilidad, se reduce el riesgo, la mueca vuelve a ser sonrisa; voces audibles, presión en las manos que retornan a su caricia abandonada... Una y otra vez, durante todo el ensortijado enredo del convulso trayecto. Muelle que se estira y encoge, como el alma embarcada. Imposible y plausible. Entre pasiones contradictorias que mueven, conmueven y remueven. Sacando del fondo de las vísceras lo que se ignoraba que allí anidase...

Y vuelta a empezar... hasta el final del alterador recorrido, diseñado por una mente perversa que ignora la paz y el placer del sosiego. Esa malévola entidad que convierte las aflicciones en atracciones o viceversa.

Toda una metáfora de algunas relaciones que son indeseables atracciones. Tan hechiceras y paradójicas como cabalgar, entre gozo y sufrimiento, en una larga y retorcida montaña rusa. Gozosa y dolorosa tentación. Alternativamente, siempre... hasta el final.

Algunos se apean y se alejan en solitario, abandonando la compañía. Otros, mareados, revueltos y con náuseas, se caen desplomados. Sólo los más fuertes permanecen siempre unidos.

Para muchos, desapareció la emoción; nunca volverán a subir. ¿O sí? Nunca se sabe...

FRM [17/03/2018]

Mirada metafórica (Imagen de archivo público)

viernes, 13 de abril de 2018

El peso de la vida

«La vida pesa más cuanto más vacía está.»

Pero, cuidado, según con lo que la llenes, te puede pesar mucho más.

FRM [13/04/2016]

(Foto de archivo)

martes, 10 de abril de 2018

Cuando llora el cielo

Mirada metafórica, desde mi ventana

El dios de la lluvia se ha desgarrado en llanto convulso sobre mi techo. Triste es la melodía que han entonado sus lágrimas inconsolables, con sonido de cristales rotos. Y, escuchándola entre plañidos de gélido viento, como infantiles gemidos, me he preguntado... «¿Qué hemos hecho?»

Aunque sospecho que la pregunta correcta es... «¿Qué no hemos hecho?»

FRM [02/03/2018]

lunes, 9 de abril de 2018

Pintar

(Imagen de archivo digital)

En uno de mis retiros al refugio de este rincón, no pude evitar dejar aquí una antigua reflexión que hoy publicamos, estimulada por algunos comentarios que, a lo largo del tiempo, he venido recibiendo sobre los resultados de mi afición autodidacta a practicar la pintura.

Puede que esté equivocado, como en muchas de mis convicciones. Pero, al día de hoy, pienso que he aprendido un par de cosas fundamentales, como amante fiel de la pintura desde la infancia, tanto en el gozo de la contemplación como en la amena diversión de su práctica, sin otra ambición que la de aprender a mejorar mi trabajo artesanal para intentar que llegue a ser artístico.

Aprendiendo con Matisse
La primera es que se debe observar detenida y apasionadamente el trabajo intemporal de todos los artistas que, por uno u otro motivo, nos impresionen y aporten alguna enseñanza. Bien sea en lo emocional o en el uso de técnicas diversas. Luz, color, texturas, intencionalidad, mensaje, sensaciones, efectos... Todo es perceptible, diferente y enriquecedor. Desde las escuelas más clásicas a las más radicalmente modernas. Desde la mágica representación de lo real, lo onírico o lo imaginado, hasta la absoluta abstración que se dirige directamente a la más profunda génesis de la emoción.

Absorbiendo toda esa información que se transforma en una cierta formación, se consiguen dos resultados inevitables. La aplicación de lo aprendido en la propia obra de aficionado, como referentes permanentes; y la capacidad de ser honesta y constructivamente crítico con el propio trabajo. Sin pretender emular a quienes están en otra dimensión, con el riesgo de una injustificada frustración, pero sin engañarnos en la valoración de nuestros propios resultados, de cuyas limitaciones obtendremos la mejor enseñanza para mejorar y evolucionar.

Aprendiendo con Dufy
La segunda convicción es lo erróneo que es pedir opiniones ajenas como algo imprescindible para la propia evolución pictórica, exceptuando de quienes pueden ser considerados maestros en la materia. Principalmente, porque ninguna es tan válida como la propia que se desprende de lo anteriormente expuesto, y porque los demás siempre —o muy frecuentemente— estarán sesgados por aspectos diversos en función de nuestra relación personal con quien opine y su propia formación, criterios y puntos de vista sobre el arte en general y la pintura en particular.

Habrá quien se asombre sinceramente de lo que hacemos, por la sensación de su propia incapacidad de recrearlo. Otros serán demoledores por su exigencia u otras razones menos honorables. Y, finalmente, están los más peligrosos y nocivos... Aquellos que, gozando de crédito ante el aprendiz y movidos por una incomprensiblemente perversa actitud frente al autor y sus circunstancias, aplauden con desproporción injustificada y comentarios de alabanza que saben exagerados y contrarios a la realidad.

Aprendiendo con Van Gogh
Nada hay más peligroso que creerse estas últimas "ayudas".
Porque pintar, más o menos bien, es gratificante en si mismo, al margen de la calidad del resultado y de las opiniones que suscite, así como una excelente vía de exploración introspectiva para el desarrollo personal que va más allá de la habilidad manual y la expresión pretendidamente artística u objetivos mercantiles.

No saber discernir ante el resultado de nuestro propio trabajo ni sobre las opiniones ajenas suscitadas por el mismo, puede ser letal en muchos aspectos.

FRM [09/04/2016]

En memoria de José Luis Sampedro

José Luis Sampedro

Ayer se han cumplido cinco años desde que te fuiste dejándonos a la sombra de los días con el mejor de los legados, tu obra y tu ejemplo.

Querido, respetado, y, sobre todo, admirado Sr. Sampedro, ahora eterno vivo desencarnado que dibujas en mi rostro una sonrisa etrusca mientras recuerdo cuando me convertiste en amante lesbiano de una vieja sirena.

Hoy navegas para siempre, dejándonos a la cálida sombra de un drago, en cuya senda grabaste el testimonio inequívoco de que ciencias, letras y humanidades sólo alcanzan la perfección cuando se hermanan lúcida e inseparablemente.

Casi centenario, mientras la tierra gira y fluyendo con el río que nos lleva, has llegado a tu real sitio, en la cima del Monte Sinaí, con el mar al fondo y sin esperar a octubre, octubre...

Hoy, querido e irrepetible maestro José Luis, despido tu cuerpo para conservar tu honesta alma encuadernada y lo hago con tu Credo personal, convertido en oración que comparto y compartiré, en esta sala de espera, como himno vital, hasta que te pida que me cuentes tus bellas historias entre las nubes.

«Creo en la Vida Madre todopoderosa
Creadora de los cielos y de la Tierra.
Creo en el Hombre, su avanzado Hijo
concebido en ardiente evolución,
progresando a pesar de los Pilatos
e inventores de dogmas represores
para oprimir la Vida y sepultarla.
Pero la Vida siempre resucita
y el Hombre sigue en marcha
hacia el mañana.
Creo en los horizontes del espíritu
que es la energía cósmica del mundo.
Creo en la Humanidad siempre ascendente.
Creo en la vida perdurable.
Amén. J.L.S.»

Hasta siempre. Un agradecido abrazo.

FRM [08/04/2013]

domingo, 8 de abril de 2018

Mujeres de otoño

En los últimos días he pasado ocho ratos deliciosos en la grata compañía de otras tantas y diferentes mujeres otoñales muy interesantes y atractivas. Una auténtica orgía de emociones que debo y agradezco a otra encantadora y sensible mujer que ha oficiado de "Celestina" en esos fugaces pero intensos momentos; mi querida amiga la escritora Isabel Martínez Barquero.

Son ya varios los libros que he leído procedentes de la fertilidad de su pluma, boli o teclado, que tanto da el instrumento que sirve a su creativo talento. Y lo único que se repite en todos es su aguda mirada al corazón humano, su cuidada prosa y rico léxico, y el amor que rezuman las interesantes y amenas historias que nacen en su imaginación para estimular la de sus lectores.

Tal y como sucede en los ocho relatos que componen el capricho de su libro "Mujeres de otoño". Ocho retales de vidas femeninas en esa etapa que se ha dado en llamar de madurez, y que puede ser tan variada y diversa como los árboles cuyas hojas alfombran la estación que precede al invierno. Hojas de diferentes colores, tamaños y formas como lo son las mujeres que pueblan las que encuaderna este libro breve que se hace más corto en su cautivadora lectura.

En "Mujeres de otoño", Isabel Martínez Barquero disecciona con ternura, agudeza y buena letra, ocho cuentos que muestran el trasfondo de ocho mujeres dueñas de sí mismas, para permitirnos compartir su evolución en las miradas, los comportamientos cotidianos, el amor y el sexo, los paisajes urbanos misteriosamente cambiantes, el proceso de envejecimiento y decrepitud irremediable y, en definitiva, las emociones sentidas en las últimas casillas del tablero del juego de vivir.

Una delicia en píldoras que se lee fácil y se piensa con complejidad. Otro motivo de gratitud a esta maga de las letras que es la "murcianica" Isabel Martínez Barquero.

Y, como prueba de sinceridad que avale las palabras precedentes, que nadie debe atribuir al afecto y admiración que siento hacia la autora, debo dejar constancia de lo único que no me ha gustado. Se trata del diseño de la portada de este breviario, casi obligado catecismo por su formato. Sinceramente, creo que no le hace justicia a la seriedad y calidad del contenido, con el mayor respeto a su autora y a quienes puedan pensar lo contrario.

Sea como sea, lo que importa es lo que se cuenta... Y eso es más que recomendable.

Para quien desee conocer mejor a esta genial escritora, sugiero una visita a su blog "EL COBIJO DE UNA DESALMADA" que no tiene desperdicio.

Gracias, Isabel.

FRM [08/04/2018]

Libro comentado

sábado, 7 de abril de 2018

La consagración de la primavera

"La danza" de Francisco R: Mayoral. Copia facsímil al óleo, 2003

Siendo muy niño, vi por primera vez la, para mí, genial película "Fantasía" de Walt Disney. Fue desde entonces que comencé a sentirme cautivado por la música clásica que la pantalla me había envuelto en maravillosas y mágicas imágenes animadas. Vi aquella película más de catorce veces consecutivas, lo que pude permitirme por tener una hermana mayor trabajando como acomodadora del entonces cine Panorama, en la calle Cedaceros de Madrid, del que ignoro su estado actual, aunque me parece que ha desaparecido tras ser reconvertido antes en teatro.

"El aprendiz de brujo"
La fiesta de imágenes y sonidos me embriagó por completo. Me subyugó, provocando toda clase de intensas emociones a mi virginal sensibilidad infantil; desde las más tiernas a las más terroríficas, pasando por la divertida, aunque estresante, secuencia de Mickey como "Aprendiz de brujo".

Ahora, desde el recuerdo más entrañable, tendría grandes dificultades para escoger, de entre todas las piezas sinfónicas de la banda sonora, a una de ellas como favorita. He vuelto a ver la película muchas más veces, en vídeo y DVD, con mis hijas y a solas y escuchado todas en varios medios, una y otra vez, sin poder evitar que, de vez en cuando, me vengan a la memoria las imágenes de aquel largometraje iniciático.

Sin embargo, muchos años más tarde, hay un sólo caso en el que la espontánea simbiosis con los dibujos de Disney, se ha visto sustituida en mi mente por otra obra de arte vinculada a "La danza de los jóvenes" de "La Consagración de la Primavera" del compositor ruso Igor Stravinski.


Porque si de pequeño me impactó la música de la historia del desarrollo de la vida en nuestro planeta, descrita y narrada por los expresivos dibujos de "Fantasía"... ¡aquellos dinosaurios! fue, ya de adulto, que me impresionó mucho más, descubrir que el objetivo de Stravinski al componer su obra para ballet fue, según sus propias palabras, "expresar la vida primitiva"; en mi opinión, sacralizada en la danza primaveral de un olvidado rito pagano de fertilidad. Su estreno en el Teatre des Champs Elysées de París por los Ballets Rusos de Diaghilev continúa resonando en la Historia por el escándalo que se levantó en el patio de butacas entre abucheos y aplausos. Entonces, la mayoría de los espectadores se sintieron agredidos por la música y la danza allí expuesta... Otros, con mentalidad más abierta, supieron que se iniciaba una nueva era en el Arte Moderno y así fue.

Henri Matisse, 1909-1910
Y, más tarde, se produjo en mí una nueva asociación plástica, al contemplar, en uno de mis muchos libros de pintura, a los bailarines inmortalizados en la pintura "fauvista" de Henri Matisse "La Danza".

El cuadro original, pintado por Matisse entre 1909 y 1910, está expuesto en el Museo del Hermitage de San Petersburgo y muestra una fiera utilización de los colores y el delineado de las figuras de los danzantes que transmiten una intensa sensación de movimiento y ritmo.

Es, sin duda, una obra maestra del fauvismo que no pude resistirme a pintar en 2003.

FRM [07/04/2018]

jueves, 5 de abril de 2018

El desierto de la rutina

Hace unos días, mantuve una larga e interesante conversación con un buen amigo íntimo sobre ciertas cuestiones que nos conciernen a ambos, así como a terceras personas muy cercanas. Después, cuando la inmediatez de las palabras concretas cedió paso a una reflexión más amplia y enriquecida con otras referencias, no pude evitar que algunos matices de la tertulia me evocasen ciertos recuerdos de Carl G. Jung, recogidos en su recomendable libro "Recuerdos, sueños, pensamientos".

Por lo que creo que tiene de interesante para todos, como quiera que cada uno lo desee interpretar y aplicarlo, cómo y a quién considere oportuno, extraigo la enseñanza contenida en un párrafo del libro citado de la edición de Aniela Jaffé que he estado releyendo no hace mucho (Biblioteca Breve - Seix Barral, Barcelona, 1996). Cito textualmente:

«Con el trabajo en el Burghölzli (*), se inició mi vida en una realidad unívoca, hecha sólo de propósitos, consciencias, deber y responsabilidad. Era la entrada en el convento del mundo y el someterse al voto de creer sólo en lo probable, en el promedio, en lo banal y lo pobre de sentido, renunciar a todo lo extraño y significativo, y reducir todo lo desacostumbrado a lo habitual. Sólo había superficies que nada ocultaban, sólo comienzos sin continuidad, contingencias sin causalidad, conocimientos que se circunscribían a círculos cada vez más estrechos, definiciones que pretendían ser problemas, horizontes de agobiante estrechez y el inmenso desierto de la rutina.»

Salud y reflexión para seguir aprendiendo a caminar.

FRM [05/04/2018]

(*) Burghölzli era el manicomio de Zurich en el que, el 10 de diciembre de 1900, C. G. Jung ocupó puesto de ayudante para especializarse en psiquiatría, al término de sus estudios de medicina.


Carl Gustav Jung (Imagen de archivo)