El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)

jueves, 29 de diciembre de 2016

Ni "facha" ni franquista

Bandera rojigualda de la Armada española, 1785

Cuando determinados individuos o grupos, fanáticos o fanatizados y pretendidamente "progres", interpretan, consideran y reniegan de la bandera de España por considerarla un símbolo "facha" o franquista, están cometiendo un lamentable error histórico y demostrando inconscientemente dos importantes y significativas carencias culturales, fácilmente subsanables con un mínimo esfuerzo.

La síncopa lingüística "facha" en el uso que nos ocupa,  se utiliza de forma despectiva e intencionalidad insultante como sinónimo del concepto político "fascista"; por cierto en tercer y último lugar de las acepciones académicas que se refieren principalmente al aspecto o apariencia. Y quienes más lo emplean en su pretensión de ofender o definir al contrario, suelen hacerlo creyendo que es sinónimo de "derechona".

Tales "antifachas" olvidan, no saben o no reconocen que, como adjetivo político, se aplica a un extenso rango de personas y grupos que en el espectro político no se sitúan únicamente en la extrema derecha, sino a cualquier dirigente y/o gobierno que demuestre su carácter totalitario, autoritario, xenófobo y nacionalista, sean de derecha, centro o de izquierdas, y siempre desde la perspectiva del que utiliza el término como forma de denigrar y que casi nunca está en situación de "tirar la primera piedra". Recordemos, pues es Historia objetiva, que el fascismo moderno y reconocido como tal, nace en el siglo XX promovido por dos partidos pretendidos como socialistas y de fervorosa y populista izquierda nacionalista, tanto en la Italia de Mussolini como en la Alemania de Hitler. Y, si la memoria no me es infiel, todos los regímenes políticos dictatoriales y antidemocráticos que sobreviven en el mundo del presente siglo, derivan de totalitarismos de supuestas izquierdas, al margen de las banderas identitarias de sus Estados.

Pero mucho más grave es el error de considerar "franquista" a nuestra bandera, cuya existencia debemos a la curiosidad anecdótica de ser la consecuencia del primer concurso de diseño gráfico de la Historia o, al menos, del que se tiene constancia.

Los doce modelos propuestos a Carlos III
Concurso que fue promovido por Carlos III, nada menos que en 1785. O sea, 154 años antes de que Franco tomase el poder en 1939. El motivo de la real decisión fue el problema que representaba para la Armada la identificación de banderas propias y ajenas en alta mar, pues todos los pabellones eran blancos con el escudo de cada procedencia en el centro y algunos muy similares, con gran dificultad por ello de reconocimiento a larga distancia, lo que era arriesgado en el caso de encontrarse ante navíos potencialmente enemigos.

Bandera española de guerra, arriba el gallardete y a la derecha la mercante. (Foto Museo Naval Madrid)

Así pues, a instancias de los mandos de la Armada, Carlos III decidió convocar el mencionado concurso del que salió elegida la bandera roja y gualda que todos conocemos y que, a partir de 1843, bajo el reinado de Isabel II se convirtió en el símbolo nacional, abandonando definitivamente la blanca precedente. Ésa es la bandera española que aún perdura, respetada o no, con la excepción del breve período (1931-1939) en que fue sustituida por la tricolor de la Segunda República que, a las franjas rojas y amarilla, añadió la de color morado, pretendiendo representar daltónicamente el color carmesí del pendón de Castilla; pero eso es... otra curiosa historia.

Como otra historia es que el denostado "aguilucho" imperial sea "facha" y "franquista"... que tampoco, pues desplegó sus alas mucho antes de 1939.

En respetuosa conclusión, antes de pretender ofender o identificar a otras personas o símbolos con determinadas asociaciones, conviene leer un poco, porque la cultura no daña a nadie y cura muchas manías obsesivas e indeseables.

FRM [29/12/2016]

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Arturo o Lancelot

Viñeta de Harold Foster para la saga de "El Príncipe Valiente"

Tenía yo en mi mochila vital poco más de 25 años, o sea, que ya ha llovido como para llenar el triple de los pantanos excelentísimamente inaugurados en el NO-DO. Ello significa que, en consecuencia y para muchas cosas, era entonces un "pardillo", como corresponde a las circunstancias históricas del contexto y a las personales de este nómada peregrino. Aunque debo admitir que, para algunas otras, sigo siéndolo... para qué engañarnos.

Pero, volvamos a lo esencial, porque me lío en íntimos devaneos de la memoria y no es esa la cuestión que me ha puesto a escribir sobre algo con pretensiones de más trascendencia.

Pues eso, que tenía yo poco más de 25 años, cuando ya desempeñaba un cargo profesional de responsabilidad directiva en el Departamento de Marketing de una gran multinacional que combatía el mal aliento con rima y sigue haciéndolo en prosa. En aquella empresa era costumbre habitual perfeccionar la formación de los mandos intermedios y su hermanamiento en la causa común, con períodos de entrenamiento ("training", decían) durante unos meses en otros países para ampliar fronteras y conocimientos sobre las diferentes aplicaciones locales de la estrategia comercial compartida en todo el mundo.

Fruto de esta política, me correspondió tutelar a una entrañable compañera filipina en el tiempo que convivió profesionalmente con el equipo de Madrid. Lamento sinceramente no recordar con seguridad su nombre en este momento, creo que era Nora, pero nunca olvidaré el afecto sincero y la complicidad que aquella etapa generó entre nosotros. Me deleitaba oírle hablar en tagalo, sin entender nada pero disfrutando de la melódica lengua, y me hacía esforzarme en nuestras largas conversaciones en el inglés que ella dominaba mucho más que yo.

La verdad es que nos hicimos muy amigos. Era un alma grande y sincera en un cuerpecito muy pequeño. Y, el día que nos despedimos, me hizo un regalo que he tardado años en comprender plenamente, a pesar de lo mucho que lo he podido constatar en todos los órdenes de mi vida, paso a paso, a lo largo de todo el camino.

Me dio un fuerte abrazo y con un beso portador de su gratitud, me dijo mirándome a los ojos: "Con tus cualidades, siempre serás un brillante e insustituible segundo para todo, pero nunca el mejor primero. Eres demasiado romántico, idealista y buena persona".

Tenía razón en lo fundamental. Lo tomé como casi un cumplido y en realidad era un aviso. Lúcida advertencia de la certera analista o visionaria profética que fue mi amiga y rememorada ex compañera filipina, como he podido constatar a lo largo de más de cuarenta años después.

Ambos roles me ha tocado desempeñar en el camino recorrido y me he percatado de que ha sido como fui avisado y no sólo en lo profesional. También en lo más íntimo y privado del terreno personal. En mis aficiones y en mis relaciones... En todo ello, recuerdo haber desempeñado siempre un más que digno "segundo lugar", pero rara vez un óptimo primer puesto. Algo deseado, más entendido como "ser lo primero para alguien" que como ser el primero en algo o de algo.

Pero es lo que hay y así hay que aceptarlo, es normal que un pez no trepe a un árbol. No se trata de considerarlo un defecto ni una virtud, aunque soy el menos indicado para valorarlo. Sólo sé que es una arraigada característica que podría resumirse y tener su origen en mis enormes dificultades históricas para decir "NO".

Ignoro si es egoísmo inconsciente o empatía extrema... o una curiosa y puede que inestable mezcla de ambas cosas, si es que ello fuese posible. Probablemente el lenguaje de los códigos actuales lo definiría como una asertividad "a medio cocinar". O, como dirían otros, será una cuestión de "karma".

En fin, al fin y al cabo, Lancelot nunca fue el rey Arturo y lo importante era el amor de Ginebra y la paz en Camelot...

Así que en la cola de la vida, sólo me queda preguntar...

¿Quién da la vez?

FRM [28/12/2016]

Conciencias de calendario

"Natividad". Georges de La Tour

Desde hace muchos años soy muy consciente de lo que las fechas navideñas son y representan. Ello ha modelado mi actitud personal ante sus fastos, sus ficciones y alharacas, sin que nada me impida sentir el más sincero y profundo respeto por cualquier otra actitud y comportamientos basados en creencias o inercias tradicionales que no comparto pero acepto en el prójimo e, incluso, me evocan nostálgicos recuerdos.

Sólo hay algo que me resulta más difícil de digerir que los tradicionales excesos gastronómicos de estas fechas: La hipocresía y el exhibicionismo de las que yo llamo "conciencias de calendario".

La necesidad que sienten ciertas personas de decir o hacer ciertas cosas "bonitas" para poder vivir una Navidad en su concepto personal de "PAZ". Para poder alegrarse de ello y sentirse llenas de AMOR y SOLIDARIDAD ante el espejo. Y, sobre todo... CONTARLO a todo el mundo, pregonarlo y ponerlo para que luzca en el decorado y edulcorado escaparate de su personaje social.

Porque, hay que reconocer que ni el AMOR ni la PAZ tienen el mismo sabor si no se exhiben públicamente como un atributo que distingue y enaltece a quien es capaz de la hazaña de decir y hacer lo que quiere para poder vivir una Navidad en PAZ... Hosanna!

Pasada la Navidad y fiestas aledañas, todo se reduce a deshacer lo hecho y desdecir lo dicho. Es sencillo, transcurridas 48 horas de PAZ, ya ha sido suficiente; aunque, claro está, esto último no se publica... por supuesto.

Porque lamentablemente la vida no es Amor, aunque se empeñen en reiterarlo los apóstoles de que "el bien entendido empieza por uno mismo"; es un lucha constante entre el egoísmo y la supervivencia como persona. Y en Navidad se recrudece porque la gran mayoría de los que tienen no comparten y los que no tienen envidian a los que tienen. Actualmente la Navidad es un manejo más para reactivar el consumo y hacer que soportemos analgésicamente lo que en otros momentos no tenemos ganas de tolerar ni estamos dispuestos a hacerlo: el victimismo y el lavado de conciencia familiar.

La auténtica Navidad no nació ni se instituyó pensando en el Amor, se estableció para celebrar el renacimiento de la vida asociado al solsticio de invierno, con el regreso del Sol, o la festejada conmemoración del nacimiento de una divinidad, llamárase Mitra o Jesús. A mí me parece bien que haya celebraciones navideñas, es una cuestión de respeto a las creencias, pero pretender mezclarlas con los sentimientos y vincularlos, sólo y enfáticamente en estas fechas, me parece muy hipócrita.

Debe ser porque únicamente los pobres seres humanos, pequeños y ácratas descreídos, no disponemos ni necesitamos de fechas concretas para casi nada en el calendario de la vida, tenemos que apañarnos con cualquier día del año para decir o hacer aquello que nos permite vivir en paz discreta y permanentemente, aunque no lo pregonemos con luces y mensajes edulcorados.

FRM [25/12/2016]

Los Santos Inocentes

Desde que empecé a pensar por mi cuenta, cuestionando todo lo que me rodeaba y contaban, me he venido preguntando en qué momento de la Historia convirtieron los cristianos la mítica, cruel y trágica leyenda de "la matanza de los inocentes", supuestamente ordenada por el rey Herodes, en una fiesta lúdica conmemorada con la aparente alegría y pretendidas carcajadas, que se persiguen popularmente en las ya tradicionales "inocentadas" del 28 de diciembre de cada año.

Aunque, sin duda alguna, lo más interesante no es cuándo sucedió esa extrema perversión de valores, sino los curiosos y, para mí, desconocidos motivos que lo impulsaron y transformaron.

Espoleado por mi sempiterna curiosidad, he dado en sospechar que la clave está en la zona oscura que subyace en lo más profundo del espíritu humano. Porque, es evidente y parece indudable que la hermosa cualidad de la inocencia ha sido transformada en una suerte de pretendida y risible estupidez del prójimo, digna de ser embromada, con "gracias", de muy dudoso gusto con frecuencia, que convierten la supuesta "broma" en burla, muchas veces triste por jocosamente humillante para el que la recibe. Porque no se trata de "divertirse con...", sino de "reírse de...".

Sospecho que estamos ante una proyección incruenta del malvado y egoísta "Herodes" que anida en nuestro interior y libera su insegura crueldad inevitable por esa vía, en una epifanía de autoafirmación menos sanguinaria que la bíblica, aunque igual de indeseable y aberrante, en mi humilde opinión.

¿Festividad conmemorativa o inconsciente catarsis purificadora?

FRM [28/12/2016]

Foto propia. "Matanza de los Santos Inocentes".
Joya de orfebrería en piedra de uno de los capiteles de la ermita románica de Santa Cecilia en Aguilar de Campoo.

martes, 27 de diciembre de 2016

Escrito con pluma en papel

Los tres monos sabios

Ha ocurrido repentinamente. De forma inesperada y sin mediar el menor aviso previo. Como una brutal, dramática, descarnada y repentina toma de conciencia de la fragilidad del espejismo de independencia y libertad en el que creemos estar confortablemente instalados.

¡Pobres ilusos!

Las sombras de la caverna platónica no las proyecta hoy el fuego de las antorchas. Son fruto de la electricidad, ese flujo invisible que nos rodea y encadena, apresándonos más firmemente cuando se corta y desaparece... Extraña y sofisticada paradoja.

Hace frío y mi calefacción es eléctrica. Tengo hambre y mi cocina es eléctrica. Dispongo de comida pero está en mi eléctrico frigorífico. Podría calentar un café, pero el microondas es eléctrico. Mis medios de comunicación con el mundo exterior, teléfono y ordenador, son sólo objetos inanes sin suministro de electricidad... Quiero escapar y no funciona el ascensor ni se abre la puerta del garaje...

Me siento inerme e inmerso en uno de los ensayos de Saramago... o impuesto de la sabiduría de los tres monos orientales del santuario Toshogu. Frío, ceguera y silencio. ¿Hasta cuándo...?

Al menos me quedan velas, mi pluma y papel en blanco... Puedo pensar y escribir esto.

[...]

¡Por fin!

Clamé: "Hágase la luz" y la luz se ha hecho. Vuelvo a ser... ¿libre?

FRM [27/12/2016]

lunes, 26 de diciembre de 2016

Aroma de vainilla

Portada de la novela de Isabel Martínez Barquero

Aunque no soy goloso en absoluto y la vainilla nunca ha sido uno de mis sabores favoritos, debo admitir que el aroma que impregna la novela de igual título que el que encabeza esta reseña, escrita por Isabel Martínez Barquero, me cautivó cuando la leí hace dos años y me ha vuelto a seducir embriagadoramente con su relectura en el presente.

La prosa de rico léxico y exquisitamente cuidada de la autora, es un delicioso lubricante para que la historia se deslice con suavidad, fluyendo a un ritmo adictivo, de principio a fin, que produce una grata sensación de paradójica intensidad relajante.

Con enorme mimo y riqueza de detalles, "Aroma de vainilla" narra el recorrido de la memoria de Mercedes Ortega Abellán que, ya anciana, realiza un prodigioso y pormenorizado viaje al pasado de tres generaciones de su saga familiar, durante el que siempre está presente la fragancia del título como protagonista de fondo permanente e inalterable.

La mirada retrospectiva de la protagonista narradora desvela los secretos de tres generaciones familiares; las vivencias de una estirpe nunca rendida ante las desgracias. La fiel memoria de Mercedes se desarrolla en el marco espacio temporal que se delimita, desde los últimos años del siglo XIX, hasta los años sesenta del siglo XX. En el cuadro resultante, se perfila con gran riqueza cromática la epopeya de una familia que se extingue en una provincia del sur de España, con la presencia sólida de mujeres fuertes, hombres sabios y tiernos, hijos con filiaciones muy diversas e inclinaciones muy distintas, y mentes alteradas por las circunstancias políticas y sociales de aquella época histórica.

El fresco familiar se pinta con los colores del deseo amoroso y sexual, el amor insatisfecho, el amor no correspondido y el traicionado, los celos, el adulterio, los conflictos generacionales, los estigmas de una educación estricta e intolerante, el orgullo, la tozudez, las murmuraciones sociales, la fascinación por la cultura, la ferocidad de la guerra y sus nefastos efectos posteriores, el perdón, la generosidad, los sueños no cumplidos, las expectativas rotas, el oscurantismo religioso y su antítesis descreída e iconoclasta, la locura, la muerte y la lucha por la existencia en una España llena de rencores y de atmósfera opresiva.

Como me ocurrió con la lectura de "El perfume" de Patrick Süskind, al sumergirme en este hermoso libro, no he podido evitar la vívida percepción del omnipresente "Aroma de vainilla", acompañado también del olor a canela, romero, a un sinfín de especias y, como no, a esos guisos deliciosos que salen de la cocina de Mercedes.

En "Aroma de vainilla" convivimos con unos personajes cercanos, de una gran carga emocional que me han provocado muchas sensaciones, envolviéndome con complicidad en su propia vida, como testigo desde la cautivadora lectura. He sentido impotencia y coraje con algunas de las situaciones planteadas y también felicidad por ver como los protagonistas conseguían sus propósitos. Lo cierto es que la autora maneja muy bien los sentimientos humanos, como el amor o el orgullo, quizá porque es muy humana ella misma, dicho sea en el mejor de los sentidos.

Otro buen libro
Para quien desee conocer mejor a esta genial escritora, sugiero una visita a su blog "EL COBIJO DE UNA DESALMADA" que no tiene desperdicio.

En resumen un libro que me ha encantado, evocándome a García Márquez, por lo que lo recomiendo sin temor, porque pone de manifiesto la calidad literaria de una autora que se merece un gran recorrido lleno de éxitos, como el que está obteniendo con su última novela "Diario de una fuga", muy diferente aunque no menos aconsejable.

Gracias por los buenos ratos que me has proporcionado, Isabel Martínez Barquero.

FRM [26/12/2016]

Adiós 2016

"Caminante no hay camino". Obra de Mariano Rodríguez Mayoral, 2013

A cinco días del final de su camino, este año 2016 se me antoja representado por el anciano abuelo que pintó mi hermano para conmemorar el nacimiento de su primer nieto. El personaje, entrañable y sabio, camina con dignidad, bajo el peso de su experiencia, hacia la entrega de la simbólica antorcha vital al joven heredero a punto de nacer.

Y, como todo lo que me ha hecho disfrutar y sufrir durante el discurrir de su existencia, 2016 ha sido un año extremadamente intenso. Rico en vivencias, saturado de emociones, repleto de hallazgos y pedagógicas decepciones. Todo lo doy por bien vivido, pues vida muy viva ha sido.

Lo propio y lo ajeno he sentido, inagotable he descubierto y aprendido, pues estoy convencido de que sólo ese es el buen sentido del escaso y mal llamado el "común sentido", teórico por en la práctica poco compartido.

Dos grandes e involuntarios halagos, como crítica negativa he recibido, ser demasiado "intenso" y "dar demasiado"... De ambas cosas no me arrepiento y espero seguir aumentando a lo largo de mi tiempo. Hay otros rasgos que sí lamento y rechazo; por lo que, una vez reconocidos, evitaré mantener conmigo.

Ilusiones ha habido y, como tales, se han desvanecido. Pero otras nuevas vendrán, pues evaporarse pueden, pero, como hijas del alma, morir no mueren.

Confirmado ha sido, en mi íntimo balance, que la soledad es el mejor campo fértil donde nace y se cría frondosa y generosamente la libertad responsable, cuyas semillas albergan el germen de los mejores y más nutritivos frutos. De sabor dulce, salado, ácido o amargo... incluso picante, pero siempre alimentando la felicidad real.

Porque, recordando al admirable Viktor Frankl, pienso que la libertad es el camino de la felicidad; convencido, como él dijo, de que: "No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía."

Y me siento feliz, porque mis amigos, los que me quieren de verdad con la generosidad y comprensión del más auténtico, elevado y desinteresado amor, saben apreciar y corresponder a mi libre lealtad y disponibilidad, los dos valores que más autentifican la calidad de las personas y las relaciones humanas... en 2016 y siempre... Sigo caminando.

A todos deseo... ¡Feliz 2017!

FRM [26/12/2016]

De Rafael Alberti y Salvador Dalí se ha dicho que el primero era un pintor que escribía y el otro un escritor que pintaba. Otro tanto, salvando las distancias, me gusta decir de mí mismo y de mi querido y admirado hermano, que escribe mucho mejor que yo y pinta como puede apreciarse en la hermosa ilustración que ilustra esta reflexión, realizada con lápices de color.

Me despierto y sigo

Caminante solitario. (Fotografía de mi amigo Víctor Vila Fernández)

Creía estar soñando
y en una pesadilla hube despertado.
Desperté flotando
en otro sueño recuperado...

Pero no había despertado,
sólo el sueño había cambiado.
Ahora sé que la vida no es nada
si la buscas en la almohada.

Hay que hacer el propio camino
hasta alcanzar el final destino,
con ningún o muchos otros caminantes,
aunque con pasos siempre adelante.

Encontrar compañía es importante,
pero no debe ser determinante.
Sólo está a mi lado ese inseparable amigo
que siempre va conmigo.

No más sueños ensoñados.
No más ideales frustrados.
No más esperanzas vanas.
No más ilusiones oníricas...

Sólo deseo vida libre y sana,
sólo el día de hoy... Ya estoy cansado.
No más lastres del pasado
ni sueños de ningún mañana.

Despierto, acepto mi sino,
me levanto y sigo...
Caminante no hay camino
y las metas son sólo castigo.

FRM [26/12/2016]