El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)

lunes, 2 de abril de 2018

Suelo firme y desvelos

Mirada metafórica. "Mirando el suelo que se pisa".

Nada desvela más que no desvelar a tiempo los aparentes misterios cotidianos.

Esas oscuras presencias que asaltan, como sombras fantasmales, entre la niebla de las tinieblas de la incomprensión, mordiendo el alma a traición y haciendo más frágil el viejo suelo bajo los pies.

Aparentes sorpresas que, en el fondo del subconsciente, solo resultan inesperadas en cuanto al momento en que emergen y se hacen tangibles. Porque "se esperan" —a pesar de la resistencia a admitirlo—, se presienten, se temen... Aunque busquemos el refugio de la voluntaria inconsciencia; sumergidos en la elegida ceguera del que no quiere ver y prefiere engañarse, aferrado a creer en lo mejor de las negadas y reiteradas mentiras e incoherencias ajenas.

Infantil y tiernamente inmersos en el aforismo de que «mientras dura, vida y dulzura». Con esa estéril e inútil vocación de eternidad de la que sólo goza la ineludible muerte.

Porque, cuando la mirada encandilada se concentra en el cielo, se pierde de vista el suelo...

Aceptarlo y mirar donde se pisa, resta encanto y misterio a la vida, pero no a los sueños. Aunque la vida pueda quitar el sueño cuando se desvela.

FRM [02/04/2018]

Caminando

Foto propia, caminando entre miradas.

Caminando dejo atrás
alguna de mis miradas;
pedazos de una realidad
que, a veces, contemplo
y otras sólo siento.

Vuelo entre fragmentos,
robando lo que veo
cerca, muy cerca, o lejos,
desde mis pasos lentos.

FRM [28/03/2017]

domingo, 1 de abril de 2018

Rigidez inflexible

"Por mucho que se diga o se intente..." Paseando entre metáforas.

Cuando hables o escribas, no pretendas ni te esfuerces en decir lo que querrías decir. Ten siempre presente lo que va a entender quien sólo escucha lo que quiere oír o quien "interpreta" y juzga tus palabras de acuerdo con sus prejuicios y fijaciones... Con suerte, buena o mala, eso será lo único que quede.

FRM [31/03/2013]

El arte del paseo

Paseando bajo mi ventana.

Practicar el arte del paseo no es únicamente caminar con paso sosegado, haciendo camino al andar con ese buen amigo que siempre va contigo.

Pasear es mucho más. Es llenar la atenta mirada de objetos y sujetos, observando con atención pequeños y grandes detalles, mirando y viendo paisajes y paisanajes, aprehendiendo color y calor, dejarse embargar por luces y sombras, sumergirse en contrastes... ser invadido por y de todo lo que nos brinda el escaparate existencial, decorado con las metáforas que componen una realidad casi nunca representada, aunque sea inevitable que nos la evoquen poéticamente.

Pasear es impregnar el olfato de olores, fragancias y pestilencias, recorriendo sensaciones y sinestesias. Es saborear los vapores de los guisos que se escapan por las ventanas.  Es recoger con los oídos la música de fondo que interpretan los sonidos cotidianos. Es apropiarse de colores y llamarlos por su nombre. Es hablar con las flores. Es tocar lo que nos rodea para reafirmarlo en el contacto. Es imaginar. Es soñar... Es viajar más allá del tiempo y el espacio.

Practicar el arte del paseo es una forma de vida. Y, sobre todo, es... vivir sintiendo.

FRM [25/02/2018]

sábado, 31 de marzo de 2018

Refugio

El refugio en el rincón.

Me tropiezo en un libro ameno con una buena definición para mi refugio en un rincón de este "Rincón del Nómada"...

«Cualquiera que aspire a conservar su sano juicio necesita de un lugar en el mundo donde pueda y desee perderse, Ese lugar, ese último refugio, es un pequeño anexo del alma al que, cuando el mundo naufraga en su absurda comedia, uno puede correr a encerrarse y extraviar la llave.» (*)

Un pequeño espacio que se agiganta por la ventana en la que los ocasos envían las tinieblas al infinito. Un lugar de paz, desde el que contemplo la procesión que va por dentro, cuando repaso los pasos. Ese sitio en el que me arrodillo para recoger el aliento que, a veces, se me cae al suelo. La sala de curas para las heridas de los pedazos que arranca la vida cuando muerde con ganas. Allí donde rescato los rescoldos de cálidos recuerdos enterrados bajo las melancólicas cenizas frías de la pasión olvidada. Y me permite el sosegado retorno del pasmo a la calma.

FRM [01/04/2018]

(*) Carlos Ruiz Zafón, "El laberinto de los espíritus".

Abandono divino

Boceto propio. Rotuladores sobre papel, 1978.

«Elohi, Elohi, lema' šebaqtani...»

Esas palabras en arameo que el Evangelio de Marcos pone en boca de los últimos momentos de la agonía crística, martillean en mi mente cuando, en estos días, no puedo dejar de pensar en el mundo que vivimos...

Y son perfectas para acompañar, en este Viernes Santo, a mi mano dolorosamente clavada al madero, pues es la mía izquierda la que tomé de modelo cuando boceté este otro punto de vista de la crucifixión que hoy siento que protagonizamos todo el género humano ajeno al Poder y víctima de sus desalmadas y auténticas deidades.

No basta "ser un amor" para librarse del tormento y el dolor de ser rechazado y agredido por quien ayer te aplaudió y celebró.

Lástima que mi naturaleza, sólo humana, no me deja fe ni esperanza alguna de resurrección de los derechos humanos olvidados entre el humo de balas y cirios, entre saetas de acero y piedras y otras cantadas...

FRM [30/03/2018]

Escuchando crecer la barba

Mirada metafórica. "Pensando mucho y en paz hasta el sombrero cría canas".

Con todo mi respeto hacia cualquier creencia —menos las que imponen o amparan la violencia— y las tradiciones que generan, aunque no todos las veneran, hay algunas cosas que no he conseguido comprender ni siquiera durante toda una vida de curiosidad insaciable y búsqueda incansable.

Era yo muy pequeño cuando comencé a no entender la justificación de la cruel tortura representada en la imagen del Cristo crucificado que colgaba sobre el cabecero de la cama de mis padres.

¿Por qué demencial sinrazón se suponía que tan salvaje y cruento sacrificio estaba justificado para el perdón de un pecado original de la Humanidad, tan mal explicado como remoto y ajeno a los millones de seres que nunca pisaron el Paraíso Terrenal?

¿Por qué las enseñanzas religiosas que recibía decían condenar la idolatría, mientras nos inundaban en templos y hogares imágenes de Dios, Jesús, la Virgen y toda la pléyade de santos canonizados?

¿Cómo se relacionaban las atractivas imágenes de Adán, Eva, Caín y Abel de mi libro de Historia Sagrada, con las que aparecían impresas en otros textos de la Prehistoria, mostrando prehomínidos peludos en desaliñadas manadas migratorias?

Y, si los primeros padres sólo tuvieron a sus dos hijos mencionados en el Génesis, ¿cómo sobrevivió y se reprodujo el género humano?

Etc.

En aquellas lejanas fechas, nunca conseguí respuestas satisfactorias, sólo logré convertirme en un niño rarito, solitario y muy incómodo en la Catequesis eclesiástica que cada domingo pretendía complementar doctrinalmente las clases del cole.

Con frecuencia, mis preguntas terminaban con un tajante colofón: "¡Tienes que tener fe y creer aunque no lo entiendas!". Así crecí... Tristemente convencido de que Dios me había privado del imprescindible don de la fe que disfrutaban mis semejantes.

Más tarde y a lo largo de mi vida, no he dejado de buscar nuevas respuestas a las viejas preguntas ni de formularme nuevas preguntas sobre las viejas respuestas. Pero nada de lo que he ido encontrando, aprendiendo y entendiendo, ha dado satisfacción a lo que ya no es una pregunta, sino una inquietud cuya incomprensión sigue siendo un sentimiento constante y, a veces, muy entristecedor que no cesa de sorprenderme. Y abro un paréntesis para quienes consideran sinónimos los términos entender y comprender, para remitirles a la reflexión también aquí publicada, bajo el título "Para entendernos".

Me refiero a la que, a veces, he definido como "cultura del sufrimiento", en la que muchísimas personas se mantienen instaladas, de forma más o menos sincera o bajo las apariencias más hipócritas. Se trata de ese dogal que constriñe y ahoga libertades bajo la forma de "complejo de culpa" injertado en la maleducada conciencia colectiva. Ese arraigado temor que anida en el inconsciente humano para no atreverse a hacer lo "política, social o religiosamente incorrecto", aunque con ello y las represoras renuncias que implica, sufran, e incluso, hagan sufrir la mayor de las infelicidades.

Puedo entenderlo, como ejercicio intelectual; pero nunca comprenderé que alguien prefiera el refugio de su protectora "zona de confort", sacrificando hasta los mejores, inesperados e infrecuentes regalos que la vida nos hace, en afortunadas ocasiones que llaman al despertar. Digno de compasión, a falta de comprensión.

Definitivamente, he entendido y comprendido que los miedos y enroques inamovibles son el peor enemigo de la libre felicidad de los seres humanos y el arma más poderosa para controlarlos y manipularlos por el Poder que dicta y sanciona las leyes. Esa única y verdadera deidad en tres personas... La nada santísima trinidad: Política, Economía y Religión.

Y me temo que, a estas alturas, sólo me queda aceptarlo mientras escucho, en compasivo silencio, como crece mi barba en paz.

FRM [01/04/2018]

Habituación

Frente al papel en blanco, la mirada metafórica se enfoca en el interior.

El amor, la generosidad y el respeto son como los antibióticos. Cuanto más se usan, menos efecto producen en quienes los reciben.

FRM [31/03/2018]