El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)

sábado, 5 de mayo de 2018

Munición para almas del nueve largo

Qué bien se explicaba el inolvidable maestro José Luis Alvite, con una de sus irónicas metáforas de las eternas historias del Savoy —en boca de una de sus memorables personajes femeninos—, cuando describía el afilado retrato de esas mujeres que prefieren el estable TENER de la seguridad tranquilamente aposentada en las convenciones impuestas por la sociedad, frente y antes que el SER del auténtico amor apasionado que hace sentir y volar...

«Reconozco mi codicia, Al, pero no creo que haya hecho nada que pueda extrañarle a nadie. Seguí los consejos que de niña me dio mi madre. Me casé con el hombre que pudo pagarme el jarrón para las orquídeas que me había regalado el hombre al que verdaderamente amaba. En la vida raras veces coinciden en la misma mano la poesía y el dinero, la caricia y las llaves del piso, de modo que hice lo que tantas hicieron antes, me volví loca por un hombre lleno de plantas y de sueños y casi sin darme cuenta lo dejé por el tipo del "Cadillac" fucsia.
Puede que me haya equivocado y lo mío sea hasta cierto punto inmoral, pero de cría me inculcaron la idea de que al final quien decide tu vida es el destino, y en ese sentido, cielo, no creo que haya nada malo en que una chica como yo se decidiese a echarle una mano al destino. [...] Ya sé que los bienes materiales pierden encanto a medida que echas de menos la inocencia, pero en una ocasión me dijiste que nada en nuestra vida es verdaderamente memorable y que el recuerdo del ser amado se esfuma a medida que se extinguen lenta e inexorablemente las moscas de su cadáver.»

José Luis Alvite (en su libro "Almas del nueve largo" - Historias del Savoy)

FRM [05/05/2018]

Libro citado. Foto de mi ejemplar.

Ideas encriptadas

A veces, escribo verdades disfrazadas de mentiras, lo admito. Pienso que es como intentar hacer ensayo en clave de ficción.

Reflexiono sobre ello y concluyo que la posible causa de fondo sea el vano intento de compensar por todos los que siempre mienten, aunque lo disfracen de verdad.

FRM [03/05/2018]

"Catedral de Mejorada". Cripta embrujada por la magia de su creador y constructor recientemente fallecido.

viernes, 4 de mayo de 2018

Confesiones de un hombre raquítico

Portada del libro comentado

Hace ya varios días que acabé de leer un libro diferente. Empieza con una frase que me hizo meditar en el acto, por el mismo acto en el que me pilló la meditación. Dice la frase: «Uno es lo que hace». Y, en ese momento, me hizo sentir como una mierda. Pues me encontraba felizmente acomodado en el glorioso e íntimo lugar donde más he leído en mi vida.

A partir de ese instante de suprema lucidez, inducida por el escritor Alberto Masa, me sentí trasladado al trascendente territorio de la escatología. En sus dos profundas acepciones que, en mi caso, están inseparable y respetuosamente vinculadas. Y deseo destacar, con gran énfasis, el concepto de respeto para evitar juicios equívocos sobre las imágenes evocadas por la lectura de un libro que me ha gustado mucho... "Confesiones de un hombre raquítico" de Alberto Masa... Escritor, lector, persona, protagonista y personaje en su peculiar trayectoria literaria.

He compartido lugares, situaciones, estados de ánimo y mucho más con ese "hombre raquítico". Con la omnipresencia de Ella, un loro, el té que se calienta y enfría con vida propia, muchos cigarrillos, el techo leproso de la cocina, la promiscua Rosa... y el héroe inconsciente del cuento, el recién parido Marco.

Me he sentido sumergido en un libro sencillo de leer, pero difícil de contar por su extrema y compleja sencillez. Ligero de forma y de fondo denso. Un libro, para mí, raro de comentar... aunque puede que el raro sea yo. Porque me ha parecido una especie de abanico de pareidolias que pueden sugerir diferentes lecturas según la mirada de cada lector. No es divertido ni triste, aunque de ambas cosas pueden encontrarse huellas en las manchas crecientes del techo que no termina de desplomarse, a pesar de su amenaza recurrente. En el texto, todo es como una metáfora existencial del jubilado prematuro que se refugia bajo su precaria protección. Siempre con Ella, el pájaro que no da cuerda al mundo pero destroza paquetes de tabaco, con el té que tiene vida propia y los cigarrillos. A veces llaman a la puerta. Unas veces abre y otras no. Fuera hay un pueblo. El bar, un pastor con los pies a la sombra de un árbol, una tía generosa... y también Dios, a quien, en ocasiones, el hombre raquítico concede una generosa limosna.

Un surrealismo abarrotado de realidad... "Su-realidad". Muchas verdades ficcionadas... o mucha ficción muy verdadera, o creíble al menos. Y, a la postre... ¡Qué más da!

Lo que cuenta es el rato de lectura placentera. Porque eso ha sido. Un buen rato con un libro muy bien escrito.

Alberto Masa
Y retorno a la respetuosa y positiva escatología expuesta al comienzo de esta crónica personal. Porque leyendo este libro he sentido la satisfacción incomparable de vaciar la vejiga, orinando después de un prolongado tiempo de retener su contenido hasta el límite de la resistencia. Tal era la intensa curiosidad que tenía por leer este libro, después de pasearme por la web de su autor, así como por su muro y su grupo en facebook "La Semejante Criatura".

El resultado de esa metafórica micción, ha sido la visualización involuntaria de una curiosa imagen mental que se ha formado en mi mente al compás del suave ritmo impuesto por la lectura.

En la narración no hay altibajos abruptos ni disonancias. Parece que no pase nada y no dejan de pasar cosas. El tono del humor —hipocráticamente entendido— es constante en sus fluctuaciones, como el humo de los abundantes cigarrillos consumidos.

Leyendo, me he visto en un paraje de asilvestrada naturaleza como la que imagino que rodea el pueblo del libro. Allí, en la cima del declive de un terraplén agreste, lleno de piedrecitas, yerbajos y florecillas de temporada, vaciaba relajadamente mi vejiga mientras contemplaba el efecto hipnótico del reguero que, naciendo entre gorgoteos a mis pies, descendía lenta e inexorablemente por la cuesta. Fluyendo imparable, con la paciencia infinita de un tiempo suspendido entre los círculos que se dibujan en sus páginas.

Un flujo reposado que no me permitía apartar la mirada, atenta a sus vericuetos y la natural habilidad con la que sorteaba las piedras, cubría y empapaba los yerbajos, sin dejar de respetar las flores naturales de los personajes entrañables que componen el micro universo del hombre raquítico. Un raquitismo que no lo es, en cuanto a riqueza de lenguaje y construcción de imágenes literarias.

El protagonista deambula, en la relativa inmovilidad de un péndulo, entre la realidad de una existencia onírica soñada en la vigilia, siempre con Ella, y la nebulosa semi insomne de las evocaciones obsesivas de su mente, cuando duerme o lo intenta... Siempre con Ella, con la insalvable presencia de su ausencia.

Es posible que expertos más doctos en materia literaria, se rasguen las vestiduras ante lo expresado (avisado estabas, querido Alberto). No obstante, confío es que el autor valore en su justa medida mi escatológica percepción. Con ella, hago la mejor referencia posible a la nula indiferencia que este libro me ha producido. ¡Hay pocas cosas mejores que una buena meada con ganas contenidas!

Un gran placer que estoy deseando repetir con otras obras de este autor... y amigo, al menos hasta hoy.

FRM [04/05/2018]

Sólo ella

Mirada metafórica, paseando bajo mi ventana.

La soledad como vacío es sólo una ilusión. Un irreal espejismo interior que se proyecta. La consecuencia de enfocar la visión sólo en lo que creemos que falta, en las supuestas carencias y limitaciones, sin ampliar el objetivo de la mirada a lo mucho que tenemos y nos rodea.

La amapola nos demuestra que su fragilidad es sólo aparente. Resiste al viento con firmeza con su oscilante y dúctil tallo que no se quiebra. Sabe que su belleza, como su vida, es efímera y por eso no pierde el tiempo; aprovecha su corta existencia en la generosa tarea de embellecer y pintar de vida y color los campos, espinos y pedregales.

Hay muchas más, todas parecidas, similares, aunque todas diferentes. Cada una es consciente de su individualidad e importancia en el conjunto.

Porque, un día, alguien apasionado y observador, fijará su mirada y atención precisamente en ella y sólo en ella. Pero únicamente si se mantiene firme, erguida y luminosa, siendo ella misma, cumpliendo y respetando su función, con humilde belleza, convicción y suave generosidad.... Coherente con su dulce destino. Para ser inmortalizada por la amorosa mirada.

FRM [04/05/2014]

Leyendo entre letras

Me gusta la gente capaz de leer "entre líneas". Y me precio de formar parte de ese grupo. Por ello, disfruto escribiendo en clave de metáforas poéticas que encierran experiencias, o narrando ficciones más reales que las realidades en las que se inspiran. Es una forma de aguzar la lucidez de la mirada sobre el mundo que nos rodea y trasmitirlo como un guiño de complicidad que estimula la imaginación.

Y el cénit de tal ejercicio lo he descubierto en el intento placentero de leer y escribir "entre letras"...

Lo miro
Lo admiro
Lo intuyo
Lo quiero
Lo deseo
Lo sueño
Lo saboreo
Lo amo
Lo poseo
Lo gozo
Lo río
Lo beso
Lo abrazo
Lo acaricio
Lo estrecho
Lo penetro
Lo lleno
Lo sonrío
Lo disfruto
Lo abro
Lo separo
Lo vivo
Lo espero...
Lo y tú en medio
Lo sabes.

FRM [06/12/2017]

Aislando fragmentos de realidad (Imagen de archivo público)

Deseos de invierno

"Soñando en la espera". Óleo sobre lienzo. Copia facsímil de Dufy por FRM, 2000

Hay ocasiones en que la inspiración brota de las semillas que mueren. Ese germen procedente de las confidencias íntimas de un corazón querido que desnuda su alma en un cálido invierno, bombeando vida al llenar de legibles caracteres negros la página en blanco. Sensibles experiencias acumuladas en el voluminoso equipaje de recuerdos mostrados ante nuestros asombrados ojos, ávidos de mirar, ver y sentir. Abro una de esas maletas y contemplo con asombro y tristeza algunos bellos, palpitantes y reprimidos deseos ajenos que suenan a villancico ahogado y que hoy se conjugan en frustrado presente verbal, inolvidables, desde el que fue ilusionado pretérito...

Quiso aprender a tocar el cielo con las yemas de sus dedos.
Quiso ver con los ojos cerrados.
Necesitaba sentir la música tocada en su piel.
Quiso aprender a escribir la partitura de una nueva canción.
Aprender a soñar despierta.
Esperaba aprender a volar sin alas.
Perder el miedo a las alturas y elevar su cuerpo por encima de las fronteras.
Aprender a acariciar con la mirada y a mirar con el corazón.
Quiso escalar montañas imposibles y hacer realidad lo invisible.
Necesitó sentir y que la sintieran, que la sintieran con intensidad.
Descubrir islas perdidas y conquistarlas.
Pasear playas de arenas blancas y dejar huellas de amor.
Necesitaba encontrar el puerto seguro, donde las olas acariciasen sin temor.
Y el mar en calma meciera las ilusiones.
Y un hermoso faro iluminase la noche calmada.
Necesitaba saber que la noche no es un peligro.
Que hay un refugio donde se pueden acurrucar los sueños perdidos.
Que la oscuridad nunca más produjese miedo...
Y el silencio no fuera un grito ahogado, sino un suspiro de éxtasis.
Que el dolor huyera para siempre y nunca más se supiese de él.
Que las sombras desaparecieran y la luz les arrebatara el triunfo final.
Que esa luz empujara e hiciera temblar y retroceder a las tinieblas.

Todo lo deseó, todo lo soñó, todo lo quiso, todo lo amó... Todo lo merecía.
Todo lo tuvo, todo y más pudo tener...
Pero no lo quiso, de todo huyó y, deseando mantenerlo, todo rechazó.

Y el miedo al temor más infundado, pero inculcado y enquistado, derrotó al amor, imponiendo el dolor. Una lamentable elección para la peor decisión.

Semilla de una hermosa flor que brotó en invierno y que, al anunciarse la primavera, murió... suicidada.

FRM [13/04/2018]

jueves, 3 de mayo de 2018

Delito sin daño

No existe peor tormento
que el negro vacío de la nada.

No hay otro dolor mayor
para el más triste lamento
que el sepulcral fragor
del silencio sin sentimiento.

No hay mayor castigo incruento
que la ausencia de la presencia amada.

Esa angustiosa carencia malhadada
es el mayor padecimiento
para el único delito, sin más daño,
que caminar, soñando con un amor
del que me hiciste sentir dueño.

FRM [03/03/2018]

Caminando entre sueños de vigilia. Foto propia

Utilidad

Dos buenas formas de aprender son hacer útiles los recuerdos más ingratos y convertir los errores en experiencias renovadoras.

FRM [24/02/2018]

Mirada metafórica. Foto propia.