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| Foto propia, paseando por La Castellana madrileña |
Cuando la curiosidad insaciable repara en que todo tiene un significado oculto bajo la superficie de lo que se nos muestra como evidente y simple en apariencia, se descubren las fascinantes causas originarias de lo que nos ha llegado en forma de fábulas, cuentos aparentemente infantiles o legendarias narraciones mitológicas.
Tal es el caso del nacimiento de las tradiciones culturales en las que los duendes son presencias recurrentes en el imaginario colectivo tradicional. Duendes, gnomos o enanitos, han llegado hasta el presente de muy diversas formas y especialmente en forma de imaginarias narraciones infantiles que, tal vez, no sean tan imaginarias ni tan infantiles.
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| Amanita muscaria |
Una constante de su iconografía es el que suelen habitar junto o dentro de setas u hongos... Sólo tenemos que observar las viviendas del conocido pueblo de los
"Pitufos". El motivo es que tales personajes han sido "vistos" y asimilados como consecuencia de la ingesta del hongo enteógeno ampliamente conocido como
"Amanita muscaria", costumbre antaño habitual en las zonas micófagas. Consumo tradicional y contribuyente a la génesis de las culturas de esas áreas que hoy está restringido y temido por la información difundida acerca de su supuesta y peligrosa toxicidad (*).
Resulta muy interesante saber que en ciertas lenguas, más o menos antiguas, el hongo citado recibe los nombres que se traducen por
"sombrero de rana",
"excremento de sapo",
"escondrijo del sapo",
"asiento de sapo",
"pan de sapo" e, incluso, simple y directamente
"sapo".
Ello explica por qué. tanto el hongo como el batracio, comparten la peculiaridad de ser tabú entre los pueblos esencialmente micófobos y causantes de una repugnancia irreprimible.
El motivo es que ambos —sapo y seta— producen alcaloides o sustancias enteógenas de efectos psicoactivos equivalentes. La
bufotenina (derivado de la serotonina, importante neurotransmisor) de los sapos es muy similar a la
muscimola que sintetiza la
Amanita muscaria, en cuanto a sus efectos denominados alucinógenos en el ámbito médico.
En consecuencia, no resulta nada sorprendente que la ingesta o asimilación de esas sustancias, condujese a la "visión" de entidades tan sugerentes como los duendes y los príncipes encantados, como nos ha sido legado en la superficial y aparente inocuidad de las narraciones aludidas, llenas de doncellas esperanzadas y brujas en cuyos alquímicos obradores nunca faltan los sapos. Por no mencionar los efectos experimentados por
Alicia, la heroina de
Lewis Carroll, en su visita al
"País de las maravillas". Y es que, como decía el chamán yaqui
Don Juan Matus a su discípulo
Carlos Castaneda, hay una
"realidad aparte".
Lo cierto es que
"hay otros mundos pero están en éste", tal y como afirmó certeramente
Paul Éluard.
FRM [28/02/2016]
(*) Más información en el libro
"El hongo y la génesis de las culturas" del Dr. Josep Maria Fericgla.