 |
| Foto propia. Mercadillo de San Fernando de Henares |
De vez en cuando hago escapadas y acostumbro a atender un poco la intendencia con la reposición de provisiones saludables. Ello me permite pasar buenos ratos en los mercadillos de frutas y verduras, donde suelo acudir acompañado de mi fiel amiga Canon y guiado por la mano experta de quien sabe todo lo que yo ignoro y tanto me enseña... Disfruto mucho, porque me fascina la estética de los puestos y conservo muchas imágenes muy atractivas de esos productos hortelanos.
Algunas de esas fotografías, además del placer estético que me producen, me hacen reflexionar perdiéndome en devaneos que nada tienen que ver con la economía doméstica o la gastronomía. Tal y como, en este caso, lo han hecho estas espléndidas alcachofas.
Y es que, mientras esperaba mi turno...
"¿quién es la última?"... Se me ocurrió de pronto que las personas solemos ser como esta saludable y alimenticia planta. Estamos llenas de hojas que nos van recubriendo el corazón, más, cuanto más crecidas, y más duras y amargas, siempre las más externas.
Lo bueno es que el corazón, casi siempre, suele ser tierno y dulce, sólo hay que tener la paciencia y el deseo para ser capaz de llegar a él, aprovechando las partes menos duras del exterior. Inmejorable y muy nutritiva es la relación con las alcachofas, cuando se aprende a guisarlas y comerlas con el cariño de una buena receta y el complemento de los ingredientes adecuados...
O sea, como con las personas... Ni más ni menos.
FRM [29/04/2014]