El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

martes, 9 de septiembre de 2014

Regresando a Ítaca

Una noche más en la larga travesía. La oscuridad envuelve mi barco, como para regalo, arropándolo con su cobertor cuajado de estrellas. Las crestas de suave espuma del ondulante cuerpo marino acarician el casco del navío como amorosas sábanas de seda en el lecho acogedor y hospitalario.

Los músculos de las cuadernas se despliegan al estirarse, con crujido de herrajes. Un bostezo inesperado asoma y domina el gesto como silencioso grito de cansancio. El guerrero precisa reposo, pero la caricia insistente y reiterada de las suaves olas reclama su amoroso tributo. No se puede negar ni hacer esperar.

El ancla rígido y renovado se libera y hunde en la húmeda profundidad, abriendo camino en las aguas profundas que susurran al separarse y sentir la íntima invasión. El viejo casco gime y se estremece al sentir la firmeza del anclaje, mientras se mece en el amoroso vaivén de la unión en la marea eterna. La mar se agita en suaves convulsiones que mantienen su suavidad, aumentando la profunda intensidad. No hay nada más en el universo. Sólo la mar y el rígido cuerpo intruso que ha perforado la intimidad de sus ávidas, húmedas y acogedoras profundidades…

El ritmo de las olas se altera. Con suave cadencia aumentan su movimiento y, en un instante, pareciera que se desata una sorda tempestad... Explosión de oleaje encrespado. Estruendo descontrolado. La espuma se expande, inunda, baña y lame el casco entero, la cubierta y las sentinas, haciendo crujir el palo mayor en toda su longitud, bajo la arriada vela.

De pronto… regresa el silencio. Sólo breves y ahogados sonidos que murmuran susurros, suaves gemidos de agua y madera que recuerdan con elegante sutileza la intensidad precedente.

Después, calma chicha… bonanza. Paz empapada en la que se detiene el tiempo a la espera de un nuevo amanecer, para seguir navegando imparable… Rumbo al sol. Siempre, rumbo a Ítaca.

FRM [15/08/2013]

(Foto de archivo)

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