El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, 2014. Isleta del Moro, Almería)

viernes, 8 de junio de 2018

Yo, Odiseo

(Imagen de archivo de EL MUNDO)

La vida es un océano enfondado de amores naufragados,
de islotes encontrados que aportan el reposo
para seguir navegando entre pecios olvidados
y poemas de homéricas quimeras,
hacia la Ítaca interna de cada Odiseo.

FRM [08/06/2018]

miércoles, 6 de junio de 2018

Amores

Son invisibles.
Aunque sé que aquí están.
Viviendo en mí.

FRM [06/06/218]

"Invisibles en lo visible". Mirada metafórica

La puerta de dios

El concepto de dios es la puerta de salida de la curiosidad científica para huir de las preguntas incómodas.

FRM [06/06/2018]

Mirada metafórica. "Puerta de salida".

sábado, 2 de junio de 2018

Ocaso de un crepúsculo

"Deseo gozarlo en persona, al menos una vez." —Había dicho ella—.

Llegó la ocasión. Se acercó tímidamente al recuerdo de aquellas palabras y acarició uno de sus muslos. La ocasión le ofreció sus labios y su momento...

Ella eligió otra cosa, al menos esa vez. Era otro tiempo o un destiempo.

Y lo más probable es que, de las abundantes y encrespadas ganas, sólo quedasen escasas y lacias canas.

FRM [29/05/2018]

Mirada metafórica desde mi ventana.

viernes, 25 de mayo de 2018

Estación del olvido

Mirada metafórica. Estación del olvido.

Si se ignoran y marginan las presencias dañinas.
Si te alejas de quienes las evocan y disfrutan con ellas.
Si abonas con indiferencia el vacío del olvido.
Si enfocas la atención en otras cosas más valiosas.
Si tomas tu propio tren en la dirección correcta, poniendo distancia hacia otro destino.
Si tu rumbo se orienta hacia la verdad de la auténtica reciprocidad...

Las estaciones del pasado quedan silenciosamente desiertas, desdibujadas.
Sólo el grato presente cuenta y un nuevo futuro se acerca.

FRM [16/07/2017]

No veo la diferencia

Mirada metafórica, buscando diferencias.

Lo miro detenidamente. Con ternura de abuelo. Desconozco su lugar de nacimiento. No sé su nombre ni apellidos. Ignoro la procedencia genética de los muchos eslabones de la cadena helicoidal de su ADN... Ni siquiera habla un idioma concreto, todavía. Y no veo la diferencia.

Seguramente no piensa. Sólo siente. Pero es adorable. Y lo miro. Y me hace sentir y pensar. Lo vuelvo a mirar. Le observo detenidamente... Y algo debe fallar en mi capacidad de percepción, porque no veo en él nada que nos diferencie, excepto el peso de la edad.

¿Será porque las diferencias, las supremacías, se hacen y no se nacen?

FRM 25/05/2018]

jueves, 24 de mayo de 2018

¿Sincronicidad artística?

Emocionado por mi reencuentro con el cuadro de Fortuny comentado.

En el pasado mes de febrero de este año y durante más de tres horas, pude admirar la extraordinaria exposición de la obra de Mariano Fortuny mostrada en el Museo del Prado.

No encuentro palabras para describir la impresión que me produjo la maestría de Fortuny en el uso de la acuarela, imposible de apreciar bien en las reproducciones de los libros de arte, por buenas que sean. Admirar las obras originales es algo irrenunciable, siempre que sea posible.

No son menos impresionantes sus óleos y grabados, así como las copias que realizó de detalles o fragmentos de cuadros de Velázquez, Goya o el Greco.

Pero si algo me ha impactado a título personal es el inesperado y segundo encuentro en mi vida con un cuadro de este pintor que descubrí en 1999 y que nos ofrece la mitad de un fenómeno sorprendente y aparentemente inexplicable o, como mínimo, inexplicado. El cuadro es una obra menor y nos muestra un paisaje que forma parte de un misterio con una sola imagen, prácticamente idéntica, para reproducir dos momentos de un mismo año —1871—, dos lugares distintos y distantes, dos pintores —Manet y Fortuny— y dos obras, con la única diferencia significativa es el formato.

En su día, escribí un reportaje más amplio con toda la información de mi investigación personal que fue publicado en la revista digital "El Octavo Sabio", donde argumentaba exhaustivamente lo improbable de que uno de los pintores hubiese copiado al otro. Es posible que, en un futuro próximo, publique aquí los interesantes pormenores de mi investigación.

Ahora, después de mi emocionante reencuentro, y de haber hablado recientemente de sincronicidades, no puedo dejar de compartir ambos cuadros con su insólita, documentada y ¡diferente! ubicación geográfica de los dos paisajes pintados, cuyas imágenes incluyo aquí.

Desde 1999 busco la explicación en diversas fuentes de todo tipo, con resultados infructuosos hasta el momento, en el que lo único que tengo rotundamente claro es que el fenómeno no es fruto de la "casualidad", aunque lamentablemente, hoy en día, aún ignoro la causalidad.

En las imágenes de los dos cuadros, a la izquierda, "Vista de Granada" de Mariano Fortuny (1870/1872), colección del MNAC. Y, a la derecha, "Paisaje de Oloron-sur-Seine", realizado por Édouard Manet (1871), expuesto en la Stuttgarter Gallery.

FRM [24/05/2018]

Manet
Fortuny



Enaguas con espinas

Quien sufre porque hace sufrir, se somete al conflicto de un dolor innecesario.

Y, si quien hace sufrir no sufre, no merece ser causa de sufrimiento.

Hay que tener mucha precaución entre enaguas con espinas...

FRM [19/05/2018]

Mirada metafórica en el Real Jardín Botánico de Madrid