El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

domingo, 21 de diciembre de 2014

El Café Gijón

Este nómada saliendo del mítico Café Gijón

Hay lugares que rezuman algo especial. Algo que impregna las paredes y permanece incrustado en la reververación luminosa de sus lámparas. Algo difícilmente definible y condensado en cuadros, antiguas noticias enmarcadas, columnas que sujetan firmemente un pasado incomparable y abarrotado de inteligencia, talento, arte, creatividad y anécdotas de tertulias infinitas y genios eternos.

Ya van quedando pocos lugares así. Enclaves venerables a los que la tradición convierte en monumentos de cultura esculpidos con los recuerdos de mil y un nombres ilustres que se amontonan sobre la piel satinada de las mesas, como sabrosas energías sutiles de quienes conservan y cultivan el paladar refinado para generarlas, percibirlas y degustarlas.

Uno de esos indefinibles sitios es el madrileño Café Gijón que alberga literatura y poesía desde hace más de 126 años. Fue fundado el 15 de mayo del año 1888 por un asturiano afincado en la capital llamado Gumersindo Gómez (algunas fuentes lo mencionan como Gumersindo García). El Gran Café Gijón, a pesar de sus modestos comienzos a finales del siglo XIX, pronto se convirtió, tras la guerra civil española, en un famoso lugar de tertulia literaria y reunión de intelectuales y artistas de la época del régimen de Franco, y la transición española. Su ambiente en la posguerra fue magistralmente retratado por Mario Camús en la película "La Colmena", basada en la excelente novela de Camilo José Cela del mismo título.

En el local se celebra cada año el premio literario que lleva su nombre. Al cumplir su centenario, a finales del siglo XX, queda como testigo de una época de florecimiento de los centros de tertulia en Madrid. Se trata de uno de los pocos cafés de este carácter y raigambre que sobreviven en el Madrid heterogéneo del siglo XXI.

De sobremesa
Para quienes no pertenecemos al selecto grupo de los contertulios habituales, es un lugar de peregrinación periódica, cual Meca inspiradora, al que nos dirigimos para sumergirnos en su mágica atmósfera, esperando que alguna musa residente se nos acerque para compartir en creativa coyunda la sábana del papel en blanco. O, al menos, para renovar ese "algo", esa comezón irreprimible, que nos conduce después a la Cuesta de Moyano o al Callejón de San Ginés para rebuscar, entre la fragancia del papel con aroma a edad, aquel libro antiguo, incluso viejo, que allí nos espera.

También puede depararnos gratas sorpresas ese glorioso templo legendario de las letras, el arte y la cultura, como en la última vez que estuve comiendo allí y coincidí de manera fortuita con mi antiguo profesor y siempre maestro, Amando de Miguel, así como con el eterno y disecado galán, el actor Arturo Fernández, alias"Chatín", luciendo su impecable palmito de terno y cuerpo siempre como recién estrenados.

FRM [18/12/2014]

4 comentarios:

  1. Como acertadamente dices, es un lugar que a los que nos gusta la literatura, y todo lo que es historia, nos hace sentir algo especial. Recuerdo la última vez que visité el Café Gijón, mientras estaba sentado, acompañado de unos amigos y tomando un café, mi mente se puso a viajar en el tiempo, como si en ese preciso instante me hubiera transportado a otras épocas con la máquina del tiempo de H.G. Wells, imaginándome al lado de los hermanos Machado, Gómez de la Serna, Ortega y Gasset, o García Lorca al fondo del local charlando con el torero Sánchez Mejías, o en otro momento de la historia más reciente, a Paco Umbral charlando con Delibes justo al lado de la ventana, etc... hasta que bajo de la máquina, y pienso en lo que me hubiese gustado estar allí de oyente...

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    1. Un viaje espléndido, con inmejorables compañías. Al próximo hazme un hueco que me apunto.

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  2. Fátima Reyes García22 de diciembre de 2014, 0:13

    Me fascinó siempre.

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