El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

miércoles, 6 de abril de 2016

El Principito, siempre

(Imagen de archivo)

Tal día como hoy, hace 73 años, se publicaba en Nueva York la primera edición de “El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry.

A esta fecha, tras más de siete décadas desde la primera edición, “El Principito” es la obra más traducida del mundo y sigue vendiendo un millón de ejemplares cada año. Es lectura obligatoria en muchas escuelas y está considerada como la mejor del siglo XX en Francia.

Recupero de mi remota memoria dos fragmentos que ahora tengo muy presentes como base de reflexiones recientes.

"He aquí mi secreto; que no puede ser más simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.
—Lo esencial es invisible a los ojos — repitió el Principito para acordarse.
—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el Principito para recordarlo.
—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…
—Soy responsable de mi rosa… —repitió el Principito a fin de recordarlo.”


[…]


“¡Ah, Principito, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste:
—Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol.
—Tendremos que esperar.
—¿Esperar qué?
—Que el sol se ponga.
Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
—Siempre me creo que estoy en mi tierra.
En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas.
—¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
Y un poco más tarde añadiste:
—¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.
—El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad?
Y Principito no respondió. “


Al releer estos fragmentos me vienen a la mente algunas certezas transmitidas por el "zorro" que habita y crece en las propias experiencias.

No son rosas todas las plantas que lo parecen. Y, es frecuente que lo que creemos haber domesticado nos haya domesticado a nosotros. Porque el Principito y la rosa habitan inseparables, coexistiendo en la esencia del interior de cada uno.

De hecho, la simbólica metáfora de la rosa del Principito, ha sido interpretada de dos formas diferentes, aunque podrían considerarse complementarias. Por un lado lo que representa la rosa en si misma: la rosa representa la vanidad y el orgullo, por saberse única, por sentirse cuidada, sin darse cuenta de que en realidad toda su importancia radica en los cuidados que le da el Principito y que depende de él para poder vivir. En cierta forma, también representa el egoísmo, ya que la rosa sólo piensa en ella. No se da cuenta que sin el Principito no es nada.

Sin embargo, por otro lado, está lo que representa para el Principito y, para él, es el AMOR. La rosa representa el amor puro, desinteresado, ese amor que está por encima de los propios intereses, o eso desea. Para el Principito, como lo cita Antoine de Saint-Exupéry, la rosa es única porque es SU rosa, aunque él sabe que hay muchas otras rosas... Pero ésta es a la que él le dedica su vida y todos sus cuidados. Representa también la lealtad, para el Principito su rosa es su responsabilidad, ya que la ve como débil, frágil e indefensa

Por ello, es conveniente aprender a discernir entre los muchos y diferentes tipos y especies de rosas. Acumular conocimientos de botánica y saber aplicarlos convenientemente. Porque "domesticar" no es el camino, por muy metafórica que se considere la figura. Mucho menos asumir la responsabilidad de perpetuar la propia domesticación de un cierto ego, bajo la apariencia de libre elección que impide aceptar que algunas rosas no lo fueron o se marchitaron y el espacio que ocupaban debe ser cedido a otras, más hermosas, fuertes y pujantes. De no hacerlo así, tarde o temprano, las puestas de sol serán una visión triste...

La gran Madre Naturaleza es la insustituible maestra que, con sus inequívocas señales y silenciosos mensajes, convierte a los seres humanos que no las ignoran en sabios agricultores e independientes y hábiles floricultores. Sus ciclos siempre iguales y siempre distintos, como el agua de los ríos que la fertilizan, son el libro que hay que aprender a leer, comprender y aplicar.

Hay tiempos de siembra, épocas de poda, etapas de cultivo y, finalmente, ese momento único de la cosecha. Instante efímero que, si no se atiende y ejecuta debidamente, hace inútil todo el trabajo previo, pues lo criado muere y se agosta, abandonado a su destino.

Decía el gran Walt Whitman:

"Coged las rosas mientras podáis
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta..."


Y es que, citando de nuevo al admirable pensador y poeta estadounidense:

"La vida es lo poco que nos sobra de la muerte."

Porque el tiempo lo usamos o nos usa. Y, finalizando con otro pensamiento de Whitman:

"No desfallezcas si no me encuentras pronto. Si no estoy en un lugar, búscame en otro. En algún lugar te estaré esperando."

Hay citas y reencuentros que están escritos indelebles y con la tinta verde de la esperanza en el libro del destino. Podemos acudir o aplazarlos de nuevo. Esa es la potestad y decisión de nuestro libre albedrío.

La clave es descubrir ese lugar, ese planeta. Sucede en contadas ocasiones; tan pocas veces que resulta difícil aceptar el hecho y sorprende, desconcierta. Pero un hecho es, incuestionable y evidente... Y lo sabemos.

Que las plantas del pasado no nos impidan cultivar hermosas y nuevas rosas en el presente y gozarlas en el futuro... libremente.

FRM [06/04/2016]

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