El Rincón del Nómada

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La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

martes, 3 de enero de 2017

Quien hace incesto, hace ciento

Pecado original y expulsión del Paraíso. Capilla Sixtina, Miguel Ángel Buonarroti

Ser capaz de actuar de una cierta forma, no implica necesariamente que sea esa la más definitoria forma de ser. Por ello, aunque haya quien opine que soy excesivamente locuaz, quienes me conocen a fondo saben que gusto más del silencio que observa atentamente el entorno, incluso mientras estoy hablando. Como consecuencia, acumulo información, consciente o inconsciente, que se convierte de forma paulatina en materia de reflexión y conclusiones solitarias.

Una de ellas, muy abonada por lo que he visto, observado y contrastado a mi alrededor, es la aparente tendencia del género humano a los comportamientos inconscientemente incestuosos, tan proscritos en la moral judeocristiana (no así en otras culturas y sociedades), a pesar de que el Génesis bíblico no deja muchas más opciones para haber llegado hasta nuestra existencia actual desde los legendarios primeros padres y sus manzanas. Así pues, para los dogmáticos creyentes en la palabra de Dios, tal tendencia podría estar enraizada en la inevitable herencia genética desde los más remotos orígenes.

No descarto en absoluto que estos pensamientos, a los que intento dar forma escrita, puedan estar muy equivocados, pero no deja de ser un evidencia bastante notoria la pertinaz búsqueda del "padre" o de la "madre" en la eterna persecución de la persona que pueda complementar la existencia de cada cual. Y, aunque sea  más o menos inconsciente, como he subrayado anteriormente, no deja de constituir una marcada tendencia a lo que podríamos considerar un "incesto psicológico moralmente permisible".

Como en toda conducta humana, existen grados de intensidad al manifestarse, pero hay algunos casos de tan notable y marcada evidencia que podrían ser nítidos referentes de la mencionada tendencia... ¿Quién no conoce alguno muy significativo en el que se suceden numerosos candidatos con rasgos esenciales comunes entre sí y, a su vez, con el progenitor buscado en ellos?

Y tampoco habría que "rasgarse las vestiduras", intelectualmente hablando. Pues, aunque las pautas inculcadas en nuestro inconsciente colectivo hayan convertido el incesto en algo moralmente repulsivo, delictivo, pecaminoso y, por ende, rechazable, no es menos cierto que otras civilizaciones muy consolidadas y duraderas en la Historia de la Humanidad, lo preconizaron, e incluso lo impusieron obligatoriamente, como medio de perpetuación de dinásticas prerrogativas consanguíneas. También, en otros casos y contextos, de antropológicas diferencias en lo educativo, eran el padre a las hijas y la madre a los hijos, respectivamente, los encargados de iniciar a sus descendientes, instruyéndolos en las prácticas de una saludable y más experimentada vida sexual.

Porque, es muy posible que, al igual que otras muchas prohibiciones sagradas y religiosas, su origen esté más en la intención de evitar la propagación indefinida de enfermedades transmitidas en el código genético, como riesgo inherente a todo tipo de endogamia (constatado en la consanguinidad de las monarquías europeas de siglos precedentes), que en la supuesta o impuesta inmoralidad del hecho mismo.

FRM [03/01/2016]

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