El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

miércoles, 20 de abril de 2016

Puerto de amarre

Foto propia. Puerto de San Vicente de la Barquera

Somos como barcos surcando los mares de la vida. Resistiendo los envites de duros oleajes, padeciendo lo inane de la calma chicha o navegando en bonanza con buen viento a favor.

Atrás van quedando singladuras, repletas de alegrías y sinsabores. Relaciones y evoluciones. Sorpresas y decepciones. Aciertos y errores... Con frecuencia, creemos que flotamos sobre las mismas aguas, pero es un espejismo, porque ellas siempre cambian aunque parezcan iguales, como nosotros mismos.

En el pasado recalamos en diversos puertos, donde siempre aprendimos algo nuevo de su cultura y sus gentes. Eso forma parte del bagaje de riqueza acumulado.

Hasta que, finalmente, arribamos a puerto acogedor y seguro. Esa Ítaca que siempre ha sido el objetivo. Y allí echamos el ancla, descansamos y disfrutamos de cuanto hemos almacenado en la bodega, cúmulo de vivencias, aprendiendo a seleccionar gracias a lo aprendido durante la larga travesía. Sintiendo, reconociendo íntima y felizmente que, al fin, estamos en casa. 

Ahora, cuando ya es mañana en eterno presente, no puedo encontrar mejor metáfora visual que la fotografía que inserto, con el deseo de que siempre podamos disfrutar de un punto de amarre, para reposar y repostar, cuando la dura navegación exija el descanso, después de que haber atravesado tormentas y librado el azote de muchas tempestades que pronto serán sólo un recuerdo más.

"¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!
Terminó nuestro espantoso viaje.
El navío ha salvado todos los escollos,
hemos ganado el premio codiciado.
Ya llegamos a puerto."

(Walt Whitman)

FRM [20/04/2016]

2 comentarios:

  1. Es hermoso y sencillamente aconsejable lo que nos relatas, Francisco. Hay que amarrar barcas, hay que echar anclajes, hay que parar de vez en cuando viaje y serenarnos en el hogar que la vida nos tiene reservado. Bueno, tú lo dices divinamente. Además, esa fotografía, con ese minúsculo detalle del puerto de San Vicente de la Barquera, me aporta muchos recuerdos: prácticamente recalamos ahí todos los veranos un día para pasear por la villa y hacer esa maravillosa ruta rodeando el mar hasta Santillana.
    Un abrazo.
    Teo.

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    1. Kaváfis marcó la ruta y Whitman su meta final. Solo soy humilde seguidor de sus pautas en el inevitable viaje que todos hacemos. También a mí me encantan San Vicente y Santillana, tan cercanas a esas tierras palentinas que tan presentes tenemos ambos. Abrazos, Teo.

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