El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

lunes, 19 de diciembre de 2016

Los tres mosqueteros

Felicitación del 13 de noviembre de 2015
Corría el 13 de noviembre de 2015 cuando, aprovechando la celebración de la onomástica de mi amigo Diego Armario y el cumpleaños del tercero en concordia, Lucho González-Aller, recurrí al regalo para ambos de plasmar en facebook una imagen simbólica del título que amigas comunes nos habían otorgado, por obra y gracia del fraternal vínculo plumífero que nos une... sin que el calificativo induzca a ningún error de despiste desafortunado, pues sólo alude a la pluma estilográfica y, como mucho, también a las de los sombreros.

Aquella broma entrañable hizo fortuna y, rara es la ocasión, en que no surgen referencias al título que Alejandro Dumas inmortalizó, cuando nos vemos implicados o reunidos en cualquier circunstancia, acto, contacto o conversación... Y, con especial entusiasmo, si lo motiva algún reencarnado "Richelieu" o el pasajero encuentro con ciertos trasuntos de aviesas "Ladies de Winter" que haberlas, haylas.

Porque la vida es traviesa y gusta de jugar a las aparentes casualidades en su complejo y, en ocasiones, imprevisible entramado del tapiz que va tejiendo. Así, nos depara privilegios impensables y de dudoso merecimiento en mi caso, ante los que sólo queda la gratificante sorpresa del suceso y la gratitud de que se hayan producido.

Ese ha sido el caso de mi afortunado encuentro personal, iniciado en la red social facebook, con esos dos personajes que me honran con su fraternal amistad y regalan su ejemplar magisterio, con gran bonhomía y gigantesca talla humana y profesional. Ambos son brillantes periodistas de raza e incomparables seres humanos, capaces de llenar muchas horas de amena e inteligente tertulia, y no menos páginas de papel, con sus novelescas y ricas experiencias vitales, preñadas de anécdotas y sucesos, reservados sólo para esos seres especiales que han hecho de vivir, sentir, observar, analizar y narrar, los sabrosos ingredientes de su intensa existencia... Y muy pocos como Diego Armario y Lucho González-Aller, leales "mosqueteros" de pro que me han otorgado el honor de formar con ambos un simpático, sólidamente amistoso,  políticamente incorrecto y hermanado trío que no envidia en nada al famoso del citado Dumas, aunque hayamos cambiado el filo de la espada por el mejor templado de la palabra en los duelos de esgrima que se nos van presentando de forma inevitable.

Dicho lo cual, lo que sigue viene a cuento de que, no hace mucho y a raíz de nuestra última reunión acaecida en la reciente presentación del libro de Lucho "El búnker de Babel", me dio por pensar en algo en lo que no había reparado antes, debido a los muchos años que han transcurrido desde mi última lectura de la antológica novela "Los tres mosqueteros".

La cuestión es que reflexioné por primera vez en las diferencias de personalidad, biografías y carácter de nuestro trío que no empecen en absoluto nuestro mutuo, sincero y recíproco cariño y unión, como firmes cimientos de la garantía de solidario apoyo, en cualquier circunstancia que lo requiera. Esa idea inicial, me condujo al recuerdo de que otro tanto sucedía con los personajes de la novela, tan diferentes como siempre sólidamente hermanados.

Y, mi sorpresa fue mayúscula, cuando me percaté de las similitudes de nuestro presente terceto con los perfiles humanos y biográficos atribuidos en la ficción literaria a los mosqueteros legendarios (por cierto, basados libremente en personajes históricos reales). Dándose la "casualidad" de que, desde el principio, habíamos adoptado, en broma y de forma espontánea, los nombres y roles de cada uno de ellos, sin reparar (al menos yo) de tales parecidos. Así, Diego fue el sensible Aramis, un servidor se identificó con el discreto Athos y sus secretos, quedando Lucho como un perfecto, explosivo y desmesuradamente vitalista Porthos.

Desde esa asignación azarosa, repasemos lo que se desprende de la historia novelesca y juzguen aquellos que nos conozcan, a los tres o a alguno, si la reflexión precedente tiene cierto fundamento...

ARAMIS

Dumas lo describe inicialmente como un hombre delicado, elegante y caballeroso, muy amigo de Athos y Porthos, lleno de aparentes contradicciones: mosquetero sin vocación, pero excelente y temerario espadachín; siempre a punto de profesar en el clero que un buen día abandonó, pero constantemente involucrado en intrigas políticas y romances clandestinos, entre otros, con las duquesas de Chevreuse y de Longeville.

En "Los tres mosqueteros" se revela que de niño permaneció en un seminario y cuando estuvo a punto de ser ordenado abate, se vio envuelto en un malentendido amoroso que casi termina en un duelo contra un oficial; enfrentamiento para el cual Aramis no se encontraba preparado. Humillado, solicitó aplazar la ceremonia de su ordenación. Durante ese tiempo, entrenó con el mejor maestro de esgrima de París con el objetivo de hacer frente a su antiguo rival, al que finalmente mató. El hecho causó escándalo y Aramis se vio obligado a dejar la sotana, conociendo a Athos y a Porthos, quienes le ayudaron a ingresar en el cuerpo de los mosqueteros del rey.

PORTHOS

En "Los tres mosqueteros" se retrata a Porthos como un hombre grande, fuerte y corpulento; muy vanidoso y hablador, pero también muy resuelto y leal, además de buen espadachín y belicoso duelista, siempre enzarzado en polémicas y arriesgadas situaciones. Sus brazos son tan grandes como los muslos de cualquier otro hombre. Vive, junto a Athos y Aramis, una lucha constante contra el cardenal de Richelieu, haciendo lo posible para mantener a Ana de Austria como reina, y a Luis XIII como rey de Francia. Por otra parte, a nivel personal, Porthos persigue su fortuna ambicionando un futuro tranquilo y sosegado gracias a una deseada holgura de tesorería carente de tribulaciones.

Poco paciente, vitalista y lenguaraz, explosivo y con tan mal genio como nobleza y entrega a sus amigos, es un hedonista amante de la buena mesa, aunque no acepta ni soporta que le llamen o consideren "gordo".

ATHOS

Según Dumas, era un hombre de extremada valentía y eximio espadachin, de personalidad reservada y modales refinados. Athos, cuya verdadera identidad es la del Conde de la Fère, guarda celosamente algunas sorpresas secretas sobre su pasado que le atormentarán durante toda la historia de la novela.

En la obra de Dumas se describe a Athos como un hombre de 30 años, de talla mediana, pero bien cuajada y proporcionada, con una cabeza de carácter noble, ojos penetrantes y nariz recta. El Conde de La Fère era caballero de la Orden de la Jarretera, caballero de la Orden del Espíritu Santo, y caballero de la Orden del Toisón de Oro, otorgados respectivamente por el rey derrocado Carlos I de Inglaterra, la reina Ana de Austria y el rey Carlos II de Inglaterra, aunque lo calla discretamente en su modesta vida como mosquetero.

Casado muy joven, descubre que su esposa era una malvada y falaz mujer marcada por la justicia, por haber cometido un grave delito y capaz de cualquier cosa para conseguir sus egoístas objetivos. En un rapto de impulsiva indignación, el Conde ahorca a su mujer y la deja creyéndola muerta, pero ella reaparecerá con la falsa identidad de Milady de Winter, aliada al maquiavélico Cardenal Richelieu a cuyo servicio pondrá todas sus malas artes de seducción y engaños interesados.

Actualización de imagen. De izqda. a dcha. Diego (Aramis), este nómada (Athos) y Lucho (Porthos)
Actualización de imagen. De izqda. a dcha. Diego (Aramis), este nómada (Athos) y Lucho (Porthos)

Dicho queda en este presente, para el recuerdo y sin más pretensiones que el solaz devaneo y serio divertimento de constatar una vez más que "no existen las casualidades" ni amor más veraz que el de la auténtica amistad.

Con mi lealtad y cariño para mis hermanos mosqueteros...

"Uno para todos y todos para uno".

FRM [19/12/2016]

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Y a mí que lo hayas hecho y me lo digas. Muchas gracias "RECOMENZAR"... Un significativo sobrenombre. Abrazos.

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