El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

sábado, 5 de agosto de 2017

Viaje a Ítaca

(Imagen de archivo)

En ocasiones me despido, como suelo, cuando llegado es el momento de reiniciar una nueva singladura de mi particular Odisea, regresando a Ítaca.

Muy fructíferas han sido las etapas precedentes, en el difícil y, en ocasiones, durísimo, proceso de aprendizaje que implica un largo periplo de experiencias y aventuras apasionantes pero no exentas de riesgos y peligros.

En un pasado no muy lejano, que ahora se me antoja remoto, introduje mi caballo de madera en la fortaleza inconquistable de un inexpugnable corazón. A pesar de ello, la batalla fue dura, sufriendo el gran desgaste de la más desconcertante incertidumbre. Batallas con cruentos desgarros y momentos de dolor extremo, jalonados por los hermosos instantes de placer y victoria más plenos. Péndulo inestable...

Finalmente, esa batalla acabó. Es posible que en la gesta no haya habido vencedores ni vencidos, pues todos conservamos en la boca el amargo sabor de la derrota maquillado bajo la sonrisa de los triunfos.

Sea como sea, fue un episodio homérico y, por ello, poético que ya tocó a su fin y, desde ese momento, sólo quedaba reequipar la nave, calafatear su casco, quitar las conchas adheridas, repintar, repostar, levar anclas, desplegar las velas y lanzarse a la navegación de regreso a Ítaca, el hogar abandonado pero nunca olvidado. Ese lugar en el centro del corazón, donde anida la paz de sentirse en la propia casa, con la posibilidad de volver a tensar tu arco y recuperar el cetro de la propia esencia.

A punto de devorarme estuvo el cíclope Polif-ego (y no es una errata), pero le convencí de que soy "Nadie"; la cólera indignada de Poseidón, lanzando insultos y arrojando resentidos rencores, no consiguió hundir mi navío; aunque los tóxicos y sensuales hechizos de la maga Circe me hicieron sentir transformado en un cerdo en ocasiones, y los cautivadores cantos de sirena me obligaron a amarrarme con fuertes ligaduras al mástil de la razón para no perderla.

Hoy, por fin, relajado y feliz, vuelvo a tener Ítaca en mi mente y mi rumbo. Llegar allí es mi destino, sin premuras, enriqueciéndome en el largo camino sin esperar que Ítaca me enriquezca. Porque no es la meta lo que importa, sino lo aprendido en el largo camino... Dando sin esperar nada, a quien lo espera y necesita, y no necesitando esperar a recibir de quien no tenga nada que ofrecerme.

Y si, al atracar en el puerto final, hallo allí a mi paciente Penélope fielmente enamorada, tejiendo y destejiendo futuros con amorosos hilos de esperanza, no dudo que en su alma y en su cuerpo hallaré el placer infinito del descanso sereno, dichoso y pleno. Será menos excitante que la larga travesía, pero sin duda alguna más firme, leal, auténtico y sincero.

FRM [03/08/2013]

2 comentarios:

  1. Espléndido texto, bonita prosa plena de metáforas.
    Un gusto leerte,
    Reme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy agradecido, Reme. El gusto es mío. Besos, amiga.

      Eliminar