El Rincón del Nómada

El Rincón del Nómada
La libre soledad del ermitaño es el terreno más fértil para que germine y florezca la creatividad. (Foto propia, julio 2014. Isleta del Moro, Almería)

jueves, 14 de julio de 2016

Sigo caminando

Si llegar a ser sabio es aprender y comprender que siempre queda mucho más por saber, lo he conseguido, sincera y humildemente. Con la sincera y convencida humildad de haber transitado largos bucles de mi existencia acompañando o acompañado de maestros conscientes o inconscientes. En ese ya prolongado tránsito lleno de permanente curiosidad y capacidad de observación, se encuentran pliegues de vida cuyas costuras albergan abundantes y ricos matices de experiencia y vivencias.

En mi memoria infantil se pierden los recuerdos de las preguntas que desasosegaban mi tierna alma de niño, al carecer de las respuestas que saciasen mi sed de comprender, de saber, de sentir... de ver lo invisible. Formulaba nuevas preguntas sobre las viejas respuestas y buscaba nuevas respuestas para las viejas preguntas.

Poco a poco, con el correr de los años, me encontré o fui encontrado por guías que me condujeron por caminos de inalcanzable maestría al conocimiento de las doctrinas y filosofías más diversas y, en ocasiones, aparentemente contrapuestas...

Ortega y Gasset, Freud, Jung, Guénon, Steiner, Nietzsche, Hegel, Schopenhauer, Blavatski, Gurdjieff, Ouspensky, Chomsky, Sebottendorf, Lao Tsé ... Una miríada de nombres y textos, de pensamientos y pensadores plagaban el universo de mi ansia de conocimiento y llenaban mi búsqueda con una galaxia de descubrimientos, reflexiones y nuevas sensaciones. Su compañía en negro sobre blanco se complementaba con la carnal, tangible y audible de algunos más cercanos... Faber Kaiser, Malby, Trilha, Pi Rambla, Bayo...

Fueron años muy intensos. Mucho y muchos. Demasiada paja entre la que extraer los granos que mi nutrición precisaba. Y sobrevino lo previsible, el empacho con la necesidad del silencio y la distancia. Y el peregrino se convirtió en ermitaño con alma de nómada, siempre dispuesto a mover la tienda hacia algún oasis en el desierto... Siempre esperando, sin perder esa esperanza en la que no caben las expectativas, porque se desconoce de que materia están hechos los sueños, qué rostro tienen ni cómo se llaman.

Y así fue como sin caminar hacia el utópico horizonte, éste se fue acercando a mí, en los lentos pero inevitables pasos de cada ocaso que apagaba una luz para descansar y dar paso a otra nueva renovada.

Fue hace unos cuatro años, cuando se iniciaron los acontecimientos que, durante un par de años más, produjeron las humedades y lágrimas necesarias para oxidar y desprender la armadura con la que inconscientemente me había revestido, quizá para proteger mi agotado espíritu insatisfecho e insomne.

Hoy estoy sincera y profundamente agradecido a quienes lo hicieron posible, por acción, omisión o agresión. Una dolorosa pero enriquecedora resurrección repleta de nuevas enseñanzas en el proceso iniciático del interminable aprendizaje que aleja de los conocimientos ajenos y conduce al conocimiento de uno mismo y su esencia.

A todos ellos, debo la impagable enseñanza de entender lo que se oculta en las contradicciones. De valorar y gozar la coherencia. De aprender a mirar bajo la máscara de las palabras prefabricadas para apreciar, o despreciar, el auténtico rostro que se oculta bajo ellas.

Ellos me enseñaron la falacia del lenguaje de los supuestos iniciados que defienden y aconsejan una cosa y actúan de la forma contraria. Y lo terrible es que, muchas veces, lo hacen de forma inconsciente y convencidos de que no es así. Defienden un concepto abstracto y estereotipado del amor que debe comenzar por uno mismo y, a fe, que en consecuencia rinden el mayor y mejor tributo a su voraz ego, al que curiosamente denostan y anatemizan de manera reiterada. Hacen el favor de regalar consejos benefactores para que se les agradezca su egoísmo insaciable.

Hoy, en la imprescindible pausa del solitario reposo del guerrero, he podido entender y comprender sobre lo evidente y lo subyacente. He aprendido a mirar y ver lo invisible o una buena parte de ello. He reafirmado el valor de la lealtad. He confirmado que lo que no se puede evitar, se puede y debe transmutar; que lo que nos dicen tiene menos importancia que lo que interpretamos, aunque no hay que ser ingenuo ante los golpes por variados y variables que sean sus motivos; que amar es siempre dar; que lo importante es SER, más que tener, y que para SER hay que saber estar... presente o ausente, pero sin dejarse pisar la dignidad... Y, sobre todo, que hay que aumentar el propio calor interior y agradecer el que regalan los auténticos amigos, cuando arrecia el frío externo que producen las traiciones y mentiras de quienes estafan, aunque sea porque se engañan a sí mismos.

Hoy... sigo caminando, superando el frío. Eso es lo que cuenta, mientras espero llegar a volar, flotando entre las hermosas nubes cambiantes, siempre que el cielo lo permita y conserve la energía.

FRM [14/07/2016]

Foto propia, caminando en el Espacio Natural de Covalagua, Revilla de Pomar

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